Simeón era justo en todos sus tratos con los hombres, y devoto en su relación con Dios. Se necesitan ambos elementos para formar la verdadera religión.
Hay personas justas que no son devotas. Son escrupulosamente honradas en todos sus tratos, y sin embargo nunca piensan en Dios ni en los deberes que tienen para con Él. No se inclinan ante Él en oración; nunca elevan su corazón a Él en alabanza. No lo aman. No confiesan ninguna obligación hacia Él. Toda su religión consiste simplemente en la honestidad hacia sus semejantes, mientras ignoran por completo a Dios, su Creador y Redentor, en Quien viven, de cuya gracia proviene toda bendición en sus vidas, y de Quien dependen en todo momento para respirar y existir. Resulta evidente que tal religión no es religión en absoluto.
Si bien debemos ser justos y honrados en nuestras transacciones con los hombres, es a Dios a quien le debemos los primeros y más altos deberes. Somos sus criaturas; somos salvos, si lo somos, por su gracia; le debemos obediencia, fe, amor, honor y servicio. Así que debemos ser devotos tanto como justos.
Por otro lado, hay personas que profesan ser devotas y que no son justas. Asisten a las ordenanzas, cantan y oran; y luego salen al mundo de los días laborables y son duros, injustos, codiciosos y opresivos. Es muy evidente que esta clase de religión no agrada a Dios. Él quiere nuestra alabanza y nuestro honor, pero quiere que lo honremos con nuestra vida y nuestras acciones, así como con nuestros labios.
Hay dos tablas de mandamientos, y los de la segunda tabla son tan vinculantes como los de la primera. Debemos amar a Dios con todo nuestro corazón (la primera tabla), pero también debemos amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos (la segunda tabla). Mientras somos devotos hacia Dios, debemos ser honrados, veraces y desinteresados hacia los hombres. Las dos cosas deben ir juntas y nunca deben separarse.
Fuente y atribución
Autor original: J. R. Miller
Título original: Upright Devotion
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. R. Miller, publicado originalmente en Grace Gems.