No hay nada que el cristianismo necesite tanto hoy, como una exhibición ferviente, una demostración y manifestación de las propias enseñanzas de Cristo en su Sermón del Monte, fundada en la doctrina apostólica de la justificación por la fe. Esto, exhibido por la iglesia a la vista de todo el mundo, sería...
predicar más fuerte que mil voces;
ser más elocuente que diez mil volúmenes;
llevar una convicción más profunda que la lógica más concluyente;
hacer más para recomendar la verdadera doctrina cristiana que la retórica más poderosa y atractiva.
La paz inquebrantable de nuestras iglesias
Lo que necesitamos para preservar la paz inquebrantable de nuestras iglesias, es un reconocimiento más distinto y una influencia más poderosa de los principios del evangelio; más humildad, más espiritualidad, más celo por la gloria divina.
A menudo llevamos al santuario, y a la iglesia, nuestro orgullo, nuestra voluntad propia, nuestro gusto personal. Ese espíritu de sumisión mutua, amor fraternal y renuncia a la propia gratificación en favor del bien de los demás que la Palabra de Dios ordena, mantendría a la iglesia siempre feliz y armoniosa. Pero en vez de buscar el bien de todos, el sentir de demasiados de nuestros miembros puede expresarse así de manera resumida: "¡Yo quiero salirme con la mía!" Tal espíritu es la fuente de todos los males a los que nuestras iglesias están expuestas, y de los cuales hay que confesar que son con demasiada frecuencia las miserables víctimas.
Fuente y atribución
Autor original: John Angell James
Título original: Preach louder than a thousand voices
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de John Angell James, publicado originalmente en Grace Gems.