El camino del cristiano

Cristo en ti, la esperanza firme de gloria eterna

El creyente halla su bienestar presente y eterno en la unión con Cristo, vínculo indisoluble que ni la muerte ni el infierno pueden romper, garantía segura de gloria para siempre.

El bienestar presente y eterno del creyente está asegurado en virtud de su unión con el Señor Jesús. Si Cristo está en él, entonces ningún mal puede sobrevenirle; puede acoger con gozo las más grandes aflicciones y sufrimientos; puede triunfar en las tribulaciones y regocijarse en la anticipación de la gloria que ha de revelarse. Si Cristo está en él, puede decir a Satanás: «Haz lo peor que puedas; desata toda tu infernal furia; no te temo». Si Cristo está en él, puede decir a la muerte: «Ven, oh mensajero del amor de mi Padre; no puedo escapar de tu golpe, pero habiendo sido extraído tu aguijón, no me desconcierto». Si Cristo está en él, todo estará bien: en la enfermedad y en la salud, en la prosperidad y en la adversidad, en el tiempo y a lo largo de la eternidad.

«Mi amado es mío, y yo soy suya» (Cantares 2:14). Este es el lenguaje del cristiano en el libro de los Cantares. ¡Cuán grande es la bienaventuranza encerrada en tal seguridad! Mi amado Jesús es mío... en la dignidad de su persona; en la idoneidad de sus oficios; en la inmensidad de su amor; en la eficacia de su expiación; en la riqueza de su abundante gracia.

Su justicia es mía, para justificarme; su Espíritu es mío, para santificarme; su poder es mío, para defenderme; su sabiduría es mía, para guiarme, y su cielo es mío, para recibirme.

¿Y qué dice Cristo al creyente a cambio? «Yo soy tuyo, y todo lo que tengo es tuyo. Tengo riquezas sin límites e inescrutables, y esas riquezas son para ti. Tengo felicidad que otorgar, tal como la mente en su mayor alcance jamás ha podido concebir, y esa felicidad es para ti. Tengo coronas y cetros a mi disposición, y todos esos honores son para ti. Sí, al que venciere, le concederé sentarse conmigo en mi trono glorioso».

La exaltación y la bienaventuranza del cristiano no son materia de dudosa disputa. ¿Y qué las hace tan ciertas? Es la bendita verdad de que la unión que existe entre él y Cristo es una unión indisoluble. Todas las demás relaciones, por más íntimas y entrañables que sean, deben romperse. Esa unión de esposo y esposa, y de alma y cuerpo, no tiene poder para resistir el asalto de la muerte, el gran destructor. Pero oye lo que proclama la voz desde el cielo: «Bienaventurados los muertos que mueren en el Señor». No solo vivieron en Él, sino que mueren en Él; la unión permanece sin perturbación.

Todos los lazos terrenales deben entonces ser cortados. Pero la muerte, que rompe todo otro vínculo, solo fortalece el vínculo entre el cristiano y Cristo. La muerte, que apaga todo otro amor, solo enciende el del creyente por Jesús en una llama más pura e intensa. La muerte, que arrebata de nuestras manos todo otro objeto, solo nos conduce al pleno disfrute de Aquel que es la fuente de vida, el gran Centro y origen de toda bienaventuranza.

Cristiano, regocíjate en tu unión con Jesús. Los cambios del tiempo no pueden tocarla; las tormentas de la vida no pueden dañarla; la espada de la persecución no puede cortarla; el frío de la muerte no puede afectarla; la malicia del infierno no puede conmoverla. Es una unión que durará para siempre. De ello se sigue, por tanto, que tú, si eres partícipe de ella, serás rico para siempre, seguro para siempre, honrado para siempre y bienaventurado para siempre.

Fuente y atribución

Autor original: John MacDuff

Título original: The Mystical Union

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de John MacDuff, publicado originalmente en Grace Gems.

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