Porciones diarias

Cristo hecho pecado para hacernos justicia de Dios

El Señor Jesús se ofreció como sustituto, soportando el castigo debido al pecador, y por su sangre abrió una fuente que limpia todo pecado y reconcilia al hombre con Dios.

Nuestro bendito Señor se ofreció a sí mismo por el pecado; es decir, para poner away el pecado por el sacrificio de sí mismo: Quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero. Era absolutamente necesario que el pecador sufriera, ya fuera en su propia persona o en la de un sustituto. Jesús fue ese sustituto; se puso virtualmente en el lugar del pecador y soportó en su santo cuerpo y alma el castigo que a él correspondía, pues fue contado con los transgresores. Así, derramando su preciosísima sangre, abrió en su sagrado cuerpo una fuente para el pecado y la inmundicia.

La cruz fue el lugar donde este sacrificio fue ofrecido; pues así como la sangre del cordero inmolado se derramaba al pie del altar, se rociaba sobre sus cuernos y se consumía en su fuego perpetuo, así nuestro bendito Señor derramó su sangre sobre la cruz. Allí soportó hasta lo sumo la ira de Dios; allí puso away el pecado por el sacrificio de sí mismo; allí ofreció su santa alma y cuerpo, toda su pura y sagrada humanidad en unión con su eterna deidad, como expiación por los pecados de su pueblo.

Así todo su pecado fue expiado, borrado, puesto away, y jamás les será imputado. Este es el gran misterio del amor redentor y la sangre expiatoria. Aquí la cruz resplandece en todo su esplendor; aquí Dios y el hombre se encuentran en el sacrificio del Dios-hombre; y aquí, entre los sufrimientos y dolores, los gemidos y lágrimas, la sangre y la obediencia del amado Hijo de Dios en nuestra naturaleza, la gracia reina por la justicia para vida eterna.

Fuente y atribución

Autor original: J. C. Philpot

Título original: March 31

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. C. Philpot, publicado originalmente en Grace Gems.

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