Llevar mucho fruto no solo trae gloria a Dios, sino que prueba que tales fructíferos creyentes son genuinos discípulos del Señor Jesús. Ahora bien, aunque no hay mérito en su fruto, a veces obtienen consuelo de él, como prueba de una unión permanente con Cristo. Si guardareis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; como yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor. No se mantiene una santa confianza en el alma sino caminando en obediencia piadosa; ni puede haber comunión espiritual verdadera con Dios mientras la culpa de la desobediencia pesa dura y grave sobre la conciencia. Enderezar sendas para nuestros pies, andar en el temor de Dios, vivir para su gloria no solo son pruebas dulces de discipulado genuino, sino que sin ellas no pueden sostentarse la fe, la esperanza y el amor.
Y, sin embargo, si conocemos algo de lo que es el fruto del evangelio y de lo que somos como pobres y viles pecadores, ¿no hemos de poner a menudo la boca en el polvo? En vez de regocijarnos en nuestra fertilidad, ¿no hemos más bien de lamentar nuestra esterilidad y clamar: Mi flaqueza, mi flaqueza, ay de mí? Aun así, si vemos y sentimos deficiencia en estos puntos en nosotros y en otros, y al comparar nuestros corazones, labios y vidas con la palabra de verdad nos declaramos culpables, ¿esto nos desanimará del todo? No. Ese mismo desánimo puede sernos útil. Es bueno, a veces, estar desanimado, porque nos enseña que sin Cristo nada podemos hacer, y que solo por su gracia podemos producir fruto para su gloria. Es, pues, bueno ver y sentir nuestra esterilidad e infructuosidad; pues es esa misma vista y sentido de nuestra falta de fruto lo que nos conduce con deseos fervientes al Señor Jesucristo, para que obre en nosotros el querer y el hacer por su buena voluntad.
Fuente y atribución
Autor original: J. C. Philpot
Título original: March 30
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. C. Philpot, publicado originalmente en Grace Gems.