La luz más gloriosa que jamás brilló sobre este mundo estaba a punto de ponerse. Mientras sus rayos aún eran visibles, se oyó una voz que decía: "Yo he venido al mundo como luz, para que todo aquel que cree en mí no permanezca en tinieblas." Esta es la última invitación a un mundo incrédulo registrada como pronunciada por nuestro Señor antes de su crucifixión. Sabemos que predicó el evangelio diariamente durante el breve resto de su vida de sufrimiento; pero no se nos informa qué otras invitaciones hizo; aunque sí se nos informa de muchas parábolas que relató, de muchas respuestas que dio y de muchas advertencias que pronunció.
¡Qué amor infinito respiraba esta invitación! Jesús vino como luz al mundo, no para su propia felicidad, sino para que todo aquel que creyera en él no permaneciera en tinieblas. Había contemplado al mundo yaciendo en tinieblas; se había compadecido de su estado espantoso, y había consentido en penetrar los lúgubres rincones de su morada, a fin de llevarles la luz de la vida. ¡Cuán lúgubre debe parecer este mundo de pecado cuando se contempla desde aquellas alturas soleadas donde habitan los santos! Pero la oscuridad no solo es lúgubre, es malsana. Las plantas no pueden crecer en la oscuridad. Solo las ramas que beben la luz del día son las que producen hojas y fruto. Las flores vuelven sus hermosas cabezas hacia el sol, y cada rama se inclina hacia adelante para encontrar sus rayos. Apenas el niño tiene fuerza para abrir sus tiernos párpados, comienza a buscar la luz. Aquellos pobres niños que se crían en callejones oscuros muestran con sus rostros pálidos y enfermizos que han sido privados de la luz que hace florecer y regocijarse a toda la creación. La oscuridad es peligrosa además de malsana. El viajero del desierto, si le sorprende la noche, queda expuesto a los hoyos y a las fieras. El príncipe de la potestad del aire ejerce su poder en las tinieblas; allí tiende sus lazos; allí acecha a su presa.
Fue para socorrer a los hombres en este estado deplorable que el Hijo de Dios se manifestó. Él es el resplandor de la gloria del Padre y la imagen misma de su sustancia; por eso dijo: "El que me ve a mí, ve al que me envió." El Rey de los siglos, inmortal, invisible, habita en luz a la cual ningún hombre puede acercarse; pero su Hijo fue velado con carne y enviado al mundo revestido de rayos tan suaves que los hombres podían acercarse a él. Pero si los hombres seguían amando más las tinieblas que la luz, si cerraban los ojos ante el Sol de justicia y se retiraban más adentro de sus oscuras guaridas, ¡qué sería de ellos al fin! Las palabras que Jesús habló los juzgarían en el último día. Aquella palabra: "Yo he venido al mundo como luz, para que todo aquel que cree en mí no permanezca en tinieblas", esa misma palabra juzgará a todos aquellos que, habiéndola oído, no han venido a la luz. Pues cuando Jesús venga otra vez no salvará al mundo. Solo salvará a su pueblo, y juzgará al mundo. Todas las invitaciones que el mundo ha recibido están registradas, y serán presentadas en el día final. Pueden olvidar los sermones que han oído, los capítulos que han leído; pueden olvidar las fieles exhortaciones de sus amigos piadosos y las fervientes oraciones de sus afectuosos padres, pero Dios no los olvida; porque todos estos medios de gracia fueron dispuestos por Él en sus eternos consejos con su Hijo. Él determinó lo que debían oír, y Él observa cómo oyen. El corazón del pecador se estremecerá de terror cuando su Juez pregunte: "¿Por qué no viniste a mí? Entonces habrías tenido luz. ¿Por qué permaneciste en tinieblas?" ¿Qué razón puede dar un pecador para permanecer aun un solo día en tinieblas, cuando la luz ha venido al mundo? No hay ni un solo alma que oiga esta invitación que no pudiera gozar de luz esta misma hora, si tan solo elevara su corazón al Salvador del mundo con este clamor ferviente: "Alumbra mis tinieblas, oh luz de vida."
Fuente y atribución
Autor original: F. L. Mortimer
Título original: to end. Christ declares himself to be the light of the world
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de F. L. Mortimer, publicado originalmente en Grace Gems.