La vida de Cristo para cada día

Cuando el bien despierta mayor maldad

La resurrección de Lázaro y el amor de María intensifican el odio de los enemigos de Jesús, mostrando el misterioso arreglo de Dios que saca bien del mal sin que el creyente tenga razón para desesperar.

Fue el sábado por la tarde cuando el Señor Jesús cenó en Betania y fue ungido por María. El día siguiente no era el reposo judío. Aquel reposo comenzaba a las seis de la tarde del viernes y concluía a las seis de la tarde del sábado. Fue el domingo, el primer día de la semana, cuando el Señor entró en Jerusalén, montado sobre un pollino de asna y acompañado por la multitud gozosa. El primer día de la semana siguiente resucitó de entre los muertos. Entre estos dos días de gozo se intercaló un intervalo oscuro: una semana de dolor y sufrimiento sin ejemplo.

Las aclamaciones de la multitud el día en que el Salvador entró en Jerusalén aumentaron la envidia de los fariseos. Se decían unos a otros con alarma: «Mirad, el mundo se va tras él.» No podían negar que había resucitado a Lázaro del sepulcro; por tanto, estaban resueltos a destruir su creciente reputación por la violencia. Deseaban no sólo darle muerte a él, sino también a Lázaro, porque era un monumento viviente de su poder. Pero si hubieran llevado a cabo su designio, ¡cuán fácil habría sido para el Príncipe de la vida llamarle una segunda vez de su sepulcro!

Las hermanas poco sabían, cuando acudieron a Jesús en busca de ayuda en su hora de angustia, que la resurrección de su hermano conduciría a la muerte de su Salvador. Poco pensaban, cuando vieron a aquel hermano sentado a la cena en Betania, que al cabo de una semana su libertador del sepulcro estaría durmiendo en el suyo. Pero al fin tuvieron motivo de regocijo, pues la muerte de su Señor fue el precursor del acontecimiento más gozoso que ha sucedido desde el principio del mundo: su resurrección.

Ni fue Lázaro solo el que provocó la enemistad de los malvados. María, con su acto de amor, fue la ocasión que impulsó a Judas a cometer un acto de traición. Estaba tan indignado por la decepción que sufrió y por la reprensión que recibió, que cuatro días después se ofreció a entregar al Señor en manos de sus enemigos. En verdad María ungió al Señor para su sepelio. Fue su única unción, pues fue sepultado apresuradamente, y el perfume que prepararon las mujeres llegó demasiado tarde. Así percibimos que la familia de Betania despertó sin saberlo la indignación de los dos principales instrumentos de la muerte de su Señor. El servicio que María rindió movió a Judas a proponer su traición; y el beneficio que Lázaro recibió movió a Caifás a sugerir su asesinato.

Tal fue el misterioso arreglo de Dios. Aquel que saca un bien real de un aparente mal, saca un aparente mal de un bien real. Las buenas obras suelen ir seguidas de consecuencias que parecen malas. Pero los siervos de Dios no tienen razón para desesperar cuando sus esfuerzos por honrar a su Maestro aumentan la malicia de sus enemigos. Aunque Satanás logre arrojar a algunos a la cárcel o causar que otros sean muertos, nunca podrá lograr arrojar a un alma creyente a su propia cárcel, el abismo sin fondo, ni causar que sea herida por su propia muerte, la segunda muerte.

Podemos concebir el dolor que María habría sentido si hubiera sabido que Judas fue incitado por su acto de amor a traicionar a su Señor; pero, cuando vio a aquel Señor resucitado de entre los muertos, ¿se habría afligido entonces? Sin duda ha sucedido a menudo que la piedad de nuevos convertidos ha despertado enemistad contra su ministro, y aun ha conducido a su muerte. Aquellos convertidos debieron sentir angustia aguda al ver a su amado maestro consumiéndose en las llamas; pero su angustia se tornaría en gozo si pudieran verle de pie ante el trono, vestido con una ropa blanca y con una palma en la mano; o sobre el mar de cristal, con el arpa de Dios; o con el Cordero en el monte de Sion, cantando el cántico nuevo.

Fuente y atribución

Autor original: F. L. Mortimer

Título original: Christ is honored and hated the more on account of Lazarus

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de F. L. Mortimer, publicado originalmente en Grace Gems.

Comparte esta lectura