El necio dice en su corazón: «¡No hay Dios!» (Salmo 14:1)
Su disposición pecaminosa está en mortal enemistad con la perfección del carácter divino. La santidad de Dios es el objeto de su aborrecimiento; mientras esta exista, él no puede estar en paz perfecta. Los rayos de la pureza divina, cuantas veces caen sobre su mente desordenada, deben perturbarla y exasperarla. Él desea en secreto que no exista ningún Ser Supremo, o que no sea santo.
Si sus poderes fueran iguales a sus deseos, él... arrebataría la espada de la justicia de la mano de la Deidad, despojaría el carácter de Jehová de las hermosuras de la santidad, haría pedazos las tablas de su ley, derribaría el trono del juicio y establecería el reino de la anarquía, a fin de pecar en paz y escapar del castigo de su maldad.
La misma existencia de un Dios santo es, y siempre debe ser, una molestia para aquel en cuya mente se combinan... el amor al pecado, el temor de sus consecuencias y el deseo de no ser molestado en su camino de iniquidad.
Fuente y atribución
Autor original: John Angell James
Título original: He secretly wishes there was no Supreme Being
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de John Angell James, publicado originalmente en Grace Gems.