¡Qué cosa tan dulce es bendecir y alabar a Dios! No hay sentimiento en la tierra que se le iguale. Pero cuántas veces estamos en un estado en que ni podemos orar ni alabar, cuando el mal humor, la terquedad y la queja se apoderan de tal modo que, lejos de alabar a Dios, no hay poder ni para buscar su rostro, y lejos de bendecirlo, se agitan en el corazón cosas terribles contra él, que muestran espantosamente la enemistad de la mente carnal. Quienes son dolorosamente ejercitados con tales sentimientos tienen por cierto, pues, que es obra de Dios capacitarlos para alabar y bendecir su santo nombre.
¿Y no llega a veces a este lugar el alma enseñada por el cielo? «¡Oh, que el Señor me diera algo por qué alabarle, que me sacara de esta prueba, quebrara este triste lazo, quitara esta tentación terrible, me levantara de este aprieto providencial, bendijera y regara mi alma, consolara mi corazón, fortaleciera mi espíritu, y me diera algún dulce testimonio de su amor del pacto! ¡Oh, cómo le bendeciría y alabaría entonces! Gastaría todo mi aliento en exaltar su santo nombre». Pero cuando el Señor retiene del alma las bendiciones que tan ansiosamente codicia, solo puede mirarlas de lejos, contemplarlas con deseo y anhelar experimentarlas. Y dice: «Hasta que vengan con poder, hasta que se traigan con dulzura, hasta que se sellen en mi propio corazón y tomen plena posesión de mi pecho, no puedo, no me atrevo a bendecir y alabar el santo nombre de Dios». ¡Oh, qué criatura tan dependiente es un alma enseñada por el cielo! Cómo pende del Espíritu de Dios para obrar en ella lo que le es agradable; cuán convencida está de que no puede sentir el pecado ni confesarlo, ni respirar oración ni alabanza, a menos que el «Dios de toda gracia» cree con su mano poderosa estos frutos benditos de los labios. ¿Eres tan impotente en tus sentimientos como esto? Entonces eres enseñado espiritualmente de Dios, pues es la enseñanza de Dios en el alma lo que lleva al hombre al conocimiento experimental de su entera impotencia delante de él.
Fuente y atribución
Autor original: J. C. Philpot
Título original: December 1
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. C. Philpot, publicado originalmente en Grace Gems.