Pensamientos vespertinos

El amor eterno que ninguna fuerza puede romper

La preexistencia de Cristo fundamenta un pacto eterno, estable y misericordioso. Su amor sin principio sostiene al creyente en vida y en muerte, y lo mueve a una vida santa.

La doctrina de la preexistencia de Cristo ofrece una visión excelsa y satisfactoria de la naturaleza, la gloria y la firmeza del pacto de gracia establecido por el Dios trino en favor de la iglesia. Este pacto ha de ser rico en promesas de misericordia, pues fue hecho por Jehová mismo, fuente de toda santidad, bondad y verdad, cuyo nombre es amor. Ha de ser glorioso, porque la Segunda Persona de la Trinidad became su fiador. Ha de ser estable, porque es eterno. Ha de ser seguro, pues su administración está en manos de un Mediador infinitamente glorioso, que murió para asegurar el pacto, resucitó para confirmarlo y vive para siempre para dispensar sus bendiciones.

¡Cómo animan las palabras que dirigen al creyente a la plenitud de este pacto! Inclinad vuestro oído y venid a mí; oíd, y vivirá vuestra alma; y haré con vosotros pacto eterno, las misericordias firmes de David. Y cuando los hijos del pacto son llevados por la gracia convertidora del Espíritu a esta relación visible, ¿qué dice Dios de ellos? Haré con ellos pacto eterno, que no me apartaré de ellos para hacerles bien; y pondré mi temor en el corazón de ellos, para que no se aparten de mí. ¿Y qué es la preciosa sangre de Jesús sino la sangre del nuevo testamento, la sangre del pacto eterno, que deriva todo su valor y eficacia de la dignidad personal y la gloria preexistente de quien la derramó?

El amor eterno, la gracia y la plenitud de Cristo hacia su iglesia brotan de esta gloriosa verdad. Si la eternidad del ser de Cristo es doctrina revelada, también lo es la eternidad de su amor. El amor de Jesús corre parejo a su existencia; y como esta es de toda eternidad a toda eternidad, así es su amor hacia la iglesia que compró con su propia sangre: Con amor eterno te he amado. Escogidos en Él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de Él en amor. Dura de creer para algunos, en la luz más clara del cielo todo hijo de Dios verá que el amor electivo lo llevó allí, y sin el cual habría perecido para siempre.

¿Llamas a esta doctrina de la preexistencia de Cristo un artículo árido, especulativo e infecundo? ¡Oh, no! Es maná y grosura para quien la cree con el corazón, y le suministra el motivo más poderoso para una vida santa y piadosa. Sobre esta verdad, recibida experimental y prácticamente, puede vivir; y en ella, en el sencillo ejercicio de la fe, puede morir. Le es más preciosa que el oro, que mucho oro afinado, pues endereza a su alma al Dios encarnado, lo sostiene en sus conflictos, lo consuela en sus pruebas, fortalece sus anhelos de conformidad divina, y en la hora final, entre las olas del Jordán, le permitirá exclamar: ¡Gracias a Dios por su don inefable!

Fuente y atribución

Autor original: Octavius Winslow

Título original: Evening Thoughts - August 15

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Octavius Winslow, publicado originalmente en Grace Gems.

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