La vida de Cristo para cada día

El clamor persistente del ciego Bartimeo

Bartimeo, ciego y mendigo, clama con perseverancia aunque la multitud le reprende, y el Señor se detiene para sanarle, mostrando que Cristo recoge trofeos de misericordia por donde pasa.

En la historia de los príncipes terrenales rara vez se oye hablar de los pobres y afligidos, sino de valientes generales y sagaces senadores. En la historia del Príncipe de paz nos encontramos continuamente con anécdotas de mendigos y marginados. Los que los hombres pasaban por alto y despreciaban eran objeto de su más tierno cuidado. Los ciegos, como los más indefensos, recibieron señales de su favor. En una ocasión leemos de un ciego llevado a Él por un amigo (véase Marcos 9). Bartimeo no parece haber tenido amigos que le ayudaran; si tenía uno, era aquel ciego que se sentaba con él pidiendo limosna, tan indefenso como él. Lejos de ser animado a acercarse a Jesús, era reprendido por la multitud e invitado a callar. Muchas personas ansiosas por su salvación se han hallado en las mismas circunstancias. Ningún amigo se ha ofrecido a conducirlas al Salvador, mientras muchos las han reprendido por su preocupación por sus almas.

En otra ocasión el Señor pasó junto a un ciego y le restauró la vista sin esperar a que se lo pidiera, pues aquel hombre no conocía el nombre ni el poder del Salvador hasta que le fueron revelados por el Señor mismo (véase Juan 9). Bartimeo, lejos de ser notado por el Señor, no pudo durante largo tiempo obtener respuesta a sus ruegos fervorosos. Su caso era más difícil que el de la mujer cananea, pues las respuestas severas eran menos desalentadoras que ninguna respuesta. Además, ella podía seguir a Jesús con sus gritos, mientras Bartimeo, por su ceguera, no podía abrirse camino hasta su Señor. Jesús pasaba, pronto habría pasado, quizá no volvería jamás por allí; era una oportunidad breve; parecía probable que fuera la única. Todo estaba contra el pobre ciego mendigo; pero en vez de desanimarse, «mucho más clamaba». Algunos dejan de orar sin haber sufrido tantos desalientos como Bartimeo. Si sus oraciones frías y descuidadas no reciben respuesta inmediata, están prontos a dar el caso por perdido y a no intentarlo más. Pero los que perseveran en ferviente oración serán bendecidos con el ciego Bartimeo.

Por fin Jesús se detuvo. Así honró al mendigo delante de la multitud que le rodeaba. Mandó que le llamaran. Los que antes le habían reprendido debieron sentirse avergonzados. El ciego estaba visiblemente agitado y afligido, pues los que le llamaban le dijeron: «Ten ánimo, levántate, te llama». ¡Qué momento tan gozoso! Con cuánta prisa obedeció el pobre hombre el llamamiento. Dejó su manto para que no entorpeciera sus movimientos, y se acercó a su compasivo amigo. Aunque el Señor conocía bien su deseo, le indujo a expresarlo con sus propias palabras, porque ama oír las peticiones de su pueblo. No sólo le concedió la vista, sino que pronunció estas palabras de encomio: «Tu fe te ha salvado». Esta seguridad debió ser más querida para el mendigo que la misma vista corporal, pues entrañaba una promesa de bienaventuranza eterna. Y aunque el Salvador dijo: «Vete», el agradecido siguió a su libertador. Así, mientras el Señor caminaba hacia Jerusalén, reunía en su séquito nuevos monumentos de su poder. El avance de los conquistadores terrenales se rastrea con sangre; aldeas humeantes y cadáveres despedazados marcan el camino que han pisado, mientras cautivos llorosos van encadenados a sus carros triunfales. Pero el Salvador dejaba gozo dondequiera que iba, y recogía nuevos trofeos de su misericordia. Así vendrá Él en el último día. Traerá a sus santos consigo; estará acompañado de aquellos a quienes rescató de las tinieblas y la ceguera del pecado y de la muerte, del sepulcro y su corrupción, del infierno y sus horrores. ¿Perteneceremos a aquel grupo triunfante? ¿Ha Jesús abierto los ojos de nuestra mente? ¿Le seguimos ahora en el camino?

Fuente y atribución

Autor original: F. L. Mortimer

Título original: to end. Blind Bartimaeus

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de F. L. Mortimer, publicado originalmente en Grace Gems.

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