Pensamientos vespertinos

El consuelo que solo un Salvador cansado puede dar

Nadie como Cristo para consolar al alma fatigada, porque él mismo tomó nuestra naturaleza y conoció la debilidad, el cansancio y el desamparo que nosotros padecemos.

La idoneidad suprema de Cristo para este oficio tan singular y difícil resulta evidente. Al participar de nuestra naturaleza oprimida y cansada, él queda perfectamente capacitado para acudir a nuestra condición. Sin esa identificación, tan infinitamente alejado habría estado de nuestra miseria que jamás habría podido atender su necesidad particular. La Deidad absoluta, sin el medio de la simpatía, no habría podido transmitir una palabra de consuelo al fatigado: no por falta de poder para aliviar, sino por falta del modo de aliviar a un corazón oprimido y doliente. Hacía falta el eslabón transmisor, la senda celestial de pensamiento, sentimiento y compasión entre el corazón amoroso de Dios y el corazón desolado del hombre.

Los ángeles tampoco podían ofrecer la ayuda requerida. La única carga que conocen es la carga del amor, y el único cansancio que sienten es el de una devoción siempre ardiente. Nosotros, en cambio, necesitábamos una naturaleza constituida de tal modo que pudiera entrar en la fatiga misma que intentaba aliviar. Mirad a Jesús: «¡He aquí el hombre!». Con toda forma de cansancio él estuvo íntimamente familiarizado. ¿No amamos detenernos en aquel acontecimiento conmovedor que lo describe fatigado junto al pozo de Jacob? Jesús, cansado del camino, se sentó así junto al pozo. Era humanidad real, igual a la nuestra, y es nuestro gozo, nuestra gloria y nuestra salvación que él fuera verdaderamente hombre tanto como verdaderamente Dios.

Consideremos además lo que él padeció de parte de los hombres. Cuando más necesitaba el amparo de la criatura, la halló como una calabaza marchita, y soportó su pena solo. Cuando acudió a ella en busca del refrigerio de la simpatía, la halló como cisterna rota, y jadeó en vano. ¿Dónde estaban sus discípulos? Estaba en angustia y nadie ayudaba; era acusado y ninguna lengua lo defendía; era condenado y nadie vindicó su inocencia. ¡Con cuánta plenitud conoció Jesús la nada de la criatura, y así entró en el cansancio de su pueblo!

Fuente y atribución

Autor original: Octavius Winslow

Título original: Evening Thoughts - May 15

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Octavius Winslow, publicado originalmente en Grace Gems.

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