Sabríamos que fue Pedro quien dijo esto aun cuando su nombre no se mencionara; es propio de Pedro. Quería retener la visión celestial en la cumbre del monte y no volver jamás a la fría y luchadora vida de la tierra. Le parecía un lugar tan celestial que no quería partir. Ciertamente era bueno estar allí; pero no podían permanecer allí mucho tiempo y, al mismo tiempo, ser fieles a su deber y a su misión. Había obra esperando en el triste mundo de abajo, que debían apresurarse a realizar. Al pie del monte había un endemoniado que los discípulos no podían sanar; el Maestro era sumamente necesario allí. Luego, más adelante, estaban Getsemaní, Gabata y Gólgota para Jesús; Él debía hacer expiación por los pecadores. Y para Pedro, estaba Pentecostés, con muchos años de servicio ferviente y, al final, el martirio.
La devoción es buena. Es muy dulce comulgar con Dios en el aposento, en la iglesia, en la mesa sacramental; pero no debemos emplear todo nuestro tiempo en estos santos ejercicios. Mientras los arrobamientos estremecen nuestras almas, no debemos olvidar que afuera hay necesidades humanas que claman por ayuda y simpatía; y debemos arrancarnos de nuestras devociones más ardientes y de nuestras experiencias más sublimes para descender a responder a esos clamores. La religión no es para el goce personal solamente; Dios nos concede el gozo espiritual para que seamos fuertes en todo servicio amoroso.
Fuente y atribución
Autor original: J. R. Miller
Título original: Duty After Privilege
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. R. Miller, publicado originalmente en Grace Gems.