Pensamientos vespertinos

El Espíritu obra la nueva vida por la verdad del evangelio

El Espíritu de Dios emprende la obra portentosa de restaurar el trono de Dios en el alma, y lo hace con un solo instrumento: la verdad que está en Jesús, suave, persuasiva y todopoderosa.

El Espíritu de Dios emprende la realización de una obra portentosa. Entra en el alma y se propone restaurar el imperio de la gracia, el reinado de la santidad y el trono de Dios. Se compromete a formar todas las cosas de nuevo, a provocar una revolución en favor de Cristo y del cielo. Se propone cambiar el corazón, convirtiendo su enemistad en amor; reunir todos los elementos de oscuridad y confusión para extraer de ellos luz perfecta y orden perfecto; someter la voluntad, armonizándola con la voluntad de Dios; explorar todos los rincones del pecado, tornando su misma impureza en santidad; en una palabra, regenerar el alma, restaurando la imagen divina y aptándola para el goce pleno y eterno de Dios en la gloria. Pues bien, al realizar esta gran obra, ¿qué instrumento emplea? Pasando por alto toda filosofía humana y vertiendo desprecio sobre la sabiduría más profunda y el poder más altivo del hombre, emplea, para producir una obra junto a la cual el surgir y caer de imperios sería juego de niños, simplemente y solo la verdad tal como está en Jesús. Con este instrumento entra en el alma, sede de la mayor revolución jamás acaecida. Se mueve sobre el caos oscuro, sin forma y vacío, y en un instante un mundo de hermosura inmortal irrumpe a la vista. Se cierne sobre el alma, y se imparte un principio vital cuya corriente de existencia, una vez iniciada, fluye con la eternidad del propio Dios. ¡Cuán divino, y cuán natural también, es el proceso! En los tropiezos del pensamiento humano y en los poderes exigidos del intelecto, la mente queda con harta frecuencia mermada y quebrantada por el duro tránsito. Mas he aquí una revolución que toca cada facultad del alma y transforma todas las potencias de la mente, y sin embargo la operación del Espíritu es tan suave, persuasiva y mansa que, lejos de trastornar la fuerza o alterar el equilibrio del intelecto, desarrolla recursos, despierta energías e infunde fortaleza que hasta entonces no sabía poseer. La entrada de tus palabras alumbra; hace entender a los simples.

¿Y a qué hemos de acudir para el secreto de esto? Al evangelio, tan rebosante de la gloria de Jesús, aquel evangelio cuya sustancia es el Dios encarnado, cuyo tema es Cristo crucificado, que testifica de su divinidad, declara su humanidad y despliega la unión de ambas en la persona de un Redentor glorioso, presentándolo poderoso y dispuesto a salvar hasta lo sumo. ¡Oh, cuán santificadora y consoladora es la verdad que testifica de Jesús! No tiene sino señalarlo, y, revestida con la energía del Espíritu, la corrupción más fuerte queda sometida y el dolor más profundo queda calmado. ¿De qué valor o eficacia es todo nuestro conocimiento de la verdad si no nos conduce a Jesús; si no ensancha nuestras vistas de su gloria; si no conforma nuestras mentes a su imagen; si no aumenta nuestro amor a su persona; si no aviva nuestra obediencia a sus mandamientos y nuestro celo por su causa, y no nos madura, por una santidad progresiva, para el goce de su presencia beatífica?

Fuente y atribución

Autor original: Octavius Winslow

Título original: Evening Thoughts - July 4

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Octavius Winslow, publicado originalmente en Grace Gems.

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