«Si un fuego se descontrola y entra en el campo de otro, destruyendo las gavillas o el grano en pie, entonces el que empezó el fuego seguramente deberá hacer restitución por las cosechas perdidas». Éxodo 22:6
El fuego de la contienda es un mal terrible cuando se desata en una iglesia cristiana. Donde los convertidos se multiplicaban y Dios era glorificado, los celos y la envidia hacen la obra del diablo con eficacia. Donde el grano dorado se estaba recogiendo, el fuego de la enemistad entra y no deja otra cosa que humo y un montón de negrura: pobre recompensa para el trabajo del gran Booz.
¡Ay de aquellos por quienes vienen los tropiezos! Que nunca vengan por medio de nosotros. Quienes alimentan el fuego merecen justa censura; pero el que primero lo enciende es el más culpable. Ciertamente seremos los principales sufridores, si somos los principales ofensores.
La discordia suele tomar primero asidero en las espinas. Se nutre entre los hipócritas y los falsos profesantes de la iglesia, y de ahí se propaga entre los justos, soplando con los vientos del infierno, ¡y nadie sabe dónde podrá terminar!
¡Oh Señor y dador de paz, haznos pacificadores, y nunca permitas que ayudemos ni secundemos a los hombres de contienda, ni aun sin intención causemos la menor división entre tu pueblo!
Fuente y atribución
Autor original: Charles Spurgeon
Título original: Spurgeon Treasures — If a fire gets out of control
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Charles Spurgeon, publicado originalmente en Grace Gems.