Especialmente en el Señor Jesús, el Mediador del nuevo pacto, están preparados y atesorados toda bendición grande y gloriosa. Ninguna mente puede abarcar por completo la grandeza de aquella declaración: «Al Padre agradó que en él habitase toda plenitud». Plenitud de justificación, para que el más culpable sea aceptado; plenitud de perdón, para que el más vil sea perdonado; plenitud de gracia, para que el más impío sea santificado; plenitud de fuerza, de consuelo y de simpatía, para que el más débil, afligido y probado sea sostenido y confortado. ¡Cuán imperfectamente conocemos lo que Dios ha preparado en Jesús para los que le aman! Pareciera haber puesto todos sus tesoros a nuestros pies. Viajamos al Padre —¡y dulce es ir a Él!— pero olvidamos que, habiendo hecho a Cristo cabeza sobre todas las cosas para su iglesia, nos envía a Jesús. Cada necesidad lleva la voz del Padre que dice: «Ve a Jesús». Cada perplejidad es su voz: «Ve a Jesús». Cada prueba es su voz: «Ve a Jesús».
Solo en Cristo podían las perfecciones divinas empleadas en salvar al hombre encontrarse, armonizarse y reposar. La dignidad esencial del Hijo de Dios era tal, que todos convinieron en que el rebelde viviera si el Salvador divino moría. La justicia divina, vindicando la santidad y sostenida por la verdad, persiguió a su víctima hasta llegar a la cruz; allí contempló la provisión de misericordia, el don de amor: el amado Hijo de Dios suspendido, sangrando, muriendo en lugar del pecador. La justicia se detuvo, se quedó quieta y adoró; halló satisfacción plena, perfecta y amplísima, y exclamó: «¡Basta!». Y Dios reposó en su amor. Sí, Jesús es el reposo del Padre. Con cuánta santa satisfacción se complace en quien ha revelado su gloria y honrado su nombre. Por ello el Padre está dispuesto a recibir y bendecir a cuantos se acerquen en el nombre de su Hijo. Acerquémonos, pues, con nuestra carga, con nuestra pena, con nuestra necesidad, y comprobemos que su infinita disposición para dar iguala su infinita capacidad para proveernos.
Fuente y atribución
Autor original: Octavius Winslow
Título original: Evening Thoughts - December 27
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Octavius Winslow, publicado originalmente en Grace Gems.