A veces conviene guardar silencio ante Dios. Cuando las pruebas más duras nos abruman, no debemos pronunciar una palabra de resistencia. Pero hay un silencio ante Dios que no trae bendición. Los pecados no confesados producen amargura. Las palabras de David cuentan la historia triste del sufrimiento de los días en que calló sobre su culpa.
No podía apartar de su mente el recuerdo de su pecado. Permanecía allí, entristeciendo cada gozo y amargando cada cosa dulce de su vida. Su propio cuerpo sufría, y su corazón clamaba sin cesar en angustia.
Los pecados no confesados son una carga demasiado grande para un mortal. Nunca debemos guardar silencio ni un instante acerca de un pecado que hayamos cometido. Lo único que agrada a Dios es confesarlo de inmediato y echarlo fuera de nuestra vida de manera total y para siempre. El pecado es un enemigo de las tinieblas y debe ser expulsado, o tomará su morada en el corazón y destruirá la vida. El pecado es veneno de muerte eterna, y si no es arrojado fuera, esparcirá su muerte por el alma. La única seguridad está en confesar y arrepentirnos, y echar sin misericordia todo pecado que nos haya vencido.
Fuente y atribución
Autor original: J. R. Miller
Título original: Miller's Year Book - August 3
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. R. Miller, publicado originalmente en Grace Gems.