El camino del cristiano

El trato bondadoso de Dios en medio de las pruebas más duras

El carácter de Dios, admirable en su consejo y maravilloso en su obrar, brilla en sus tratos con santos afligidos, como en Job, cuya disciplina se transformó en mayor bendición y prueba de su fidelidad.

El carácter del Ser Divino, “excelente en consejo y maravilloso en sus obras”, se ha manifestado de manera conmovedora en sus tratos con muchos de sus santos que sufren. Tenemos de ello un ejemplo memorable en el caso del patriarca Job. Grande fue, en verdad, su prueba, y el estado de prosperidad anterior que había disfrutado hacía que aquella fuera sumamente difícil de soportar. ¡Y todo vino sobre él de repente! En un solo día fue derribado desde la cumbre de la prosperidad hasta lo más profundo de la pobreza y la angustia. Sus bienes fueron destruidos; sus hijos perecieron en la hora de la fiesta carnal; su cuerpo quedó cubierto de una enfermedad repugnante, que llevó aun a sus amigos a aborrecerle y despreciarle. Algunos de sus antiguos compañeros acudieron para consolarle; pero, al no comprender su situación, se convirtieron en sus atormentadores. También su esposa, de quien podría haberse esperado, como única que quedaba de su familia, que le brindara algún consuelo, le aconsejó que maldijera a Dios y muriera. En otro tiempo había gozado del favor de cuantos le rodeaban; nobles y príncipes guardaban el más respetuoso silencio en su presencia; cuando pasaba por las calles, ancianos y jóvenes se levantaban para testimoniarle su estima; cuando el oído le oía y el ojo le veía, le bendecían. ¡Pero ahora se derrama sobre él el desprecio de todas partes! Los más viles le escarnecen; le convierten en su canción y en su refrán, ¡y aun escupen al verle pasar! Sus amigos y parientes le olvidan, y aun sus mismos criados ya no responden a su llamado. Pero, sobre todo, la mano de Dios pesaba sobre él; su poder le aplastaba, y sus oídos parecían cerrados a todos sus clamores. Tal era el estado al que fue reducido, no obstante su eminente piedad; pues es llamado perfecto y recto, uno que temía a Dios y se apartaba del mal.

“Habéis oído”, dice Santiago, “de la paciencia de Job, y habéis visto el fin que el Señor le dio; porque el Señor es muy misericordioso y piadoso”. En la temporada de su calamidad podría haber preguntado, y no sin aparente razón: “¿Desechará el Señor para siempre, y no volverá a mostrarse favorable?”. Pero a cualesquiera dudas que haya cedido, “el fin del Señor” mostró que no había sido abandonado, por severamente que hubiera sido castigado. Todo cuanto pasó trabajó junto para su bien, y desembocó en un estado de prosperidad mayor que aquel del que al principio había gozado; pues “el Señor restauró sus bienes; en efecto, el Señor le dio el doble de lo que tenía antes”.

Cristiano, abraza pensamientos altos de Dios en todos sus tratos contigo. Sean grandes tus pruebas, mantén, no obstante, firme tu confianza, y no cedas a un espíritu quejumbroso o desalentado. Recuerda que es para provecho de su pueblo por lo que Dios les aflige; y, por duro que sea de soportar en el momento, al final han llegado a ver que tuvieron motivo para contar sus penas más severas como las principales de sus misericordias. Por ellas fueron destetados del mundo; sus afectos se fijaron con más ardor en las cosas celestiales; sus almas fueron purificadas, como el oro en el fuego; la preciousidad de Cristo fue experimentada como nunca antes; y fueron llevados a vivir, no simplemente más cerca de Él, sino más enteramente en Él, y también mucho más para Él. ¡Ojalá nuestras aflicciones produzcan tan felices resultados; entonces tendremos abundante razón para bendecir a Dios por su mano que disciplina!

Fuente y atribución

Autor original: John MacDuff

Título original: Gracious Dealings

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de John MacDuff, publicado originalmente en Grace Gems.

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