Dice Pedro: «Si el justo con dificultad se salva». Estas palabras muestran con claridad que el camino del cristiano está sembrado de dificultades; y que no es esa tarea sencilla que muchos parecen imaginarse el llegar al cielo. ¡Cuán estremecedor es el anuncio: «Porque nuestra lucha no es contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este mundo, contra las huestes espirituales de maldad en las regiones celestiales!» ¡Cristiano! ¡Todas las legiones armadas del infierno están contra ti! Y si, con todas sus energías combinadas, pueden mantenerte fuera del cielo, ¡fuera del cielo quedarás seguramente! No les faltará diligencia para arrastrarte por el camino equivocado e impedir que llegues jamás a aquella morada bendita. Y si verdaderamente te dieras cuenta del hecho solemne de que tales enemigos, tan poderosos y maliciosos, te rodean, y que su blanco y objeto incansable es lograr tu destrucción, ¡te sería imposible ser tibio o indiferente! «¡Estad alerta! Guardaos de los ataques del diablo, vuestro gran enemigo. Él anda rondando como león rugiente, buscando a quien devorar!»
Y luego está la carne, con sus engañosos deseos, que hacen guerra contra el alma. Está también el mundo, con sus pompas y placeres, sus sonrisas y sus ceños. El mundo, de diversas maneras, procura ganarse nuestros afectos; o con sus preocupaciones absorber nuestros pensamientos. Y no podemos ser salvos a menos que venzamos al mundo, a menos que crucifiquemos la carne, y a menos que resistamos y derrotemos al diablo.
Se dice en el libro de Apocalipsis: «Y apareció una gran maravilla en el cielo». Sin duda, habrá allí innumerables maravillas. «Creo», dice uno, «que el cielo será un lugar de eterna sorpresa». Podemos estar bien seguros de que contiene incontables objetos que no pueden dejar de despertar tal sentimiento. Pero, cualesquiera que sean sus maravillas, ver allí a un pecador será, quizá, la mayor de todas. Si solo pensamos en las muchas tempestades que tiene que atravesar, los enemigos decididos que tiene que vencer, las muchas oposiciones y dificultades formidables que tiene que enfrentar; y él, en sí mismo, más débil que la caña quebrada, que el soplo más débil podría destruir: será verdaderamente algo maravilloso ver a tal hombre —
«Salvo arribado a aquella orilla pacífica,
donde los peregrinos se encuentran para no partirse más.»
Cuando el espíritu del justo Abel fue admitido por las puertas eternas, podría haberse dicho con verdad: «Apareció una gran maravilla en el cielo». Y con respecto a todos los que le siguieron, que le siguieron en el conflicto de aquí, y en la entrada triunfante de allá, las mismas palabras podrían repetirse. ¡Dios conceda que tú, lector, aparezcas como un objeto de eterna maravilla en aquel mundo bendito! Pero eso no puede ser a menos que seas hecho un monumento de su admirable gracia en la tierra, siendo sacado de las tinieblas a la luz admirable del evangelio. Entonces serás aun ahora, como fue el Salmista, «una maravilla para muchos»; ¡y de manera especial serás una maravilla para ti mismo! Si tienes algún motivo para creer que tal es el caso, es tu culto razonable magnificar su adorable nombre, que es «glorioso en santidad, temible en loores, hacedor de maravillas». Todas sus obras, que son grandes y maravillosas, le alaban; pero sus santos, con todas las potencias de su corazón y de su lengua, deben bendecirle. Entonces,
«¡Dad a nuestro Dios inmortal alabanza;
misericordia y verdad son todos sus caminos:
de Dios son las maravillas de la gracia,
repetid sus misericordias en tu canto!»
Fuente y atribución
Autor original: John MacDuff
Título original: The Arduous Struggle
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de John MacDuff, publicado originalmente en Grace Gems.