El camino del cristiano

La necesaria tarea de examinar el corazón ante Dios

Dios nos llama a mirar hacia atrás, adelante y arriba, pero también hacia dentro. El creyente debe someter sus motivos, principios y acciones a la prueba de la Escritura para discernir si su fe es genuina.

Con frecuencia se nos llama a mirar hacia atrás —a mirar la roca de donde fuimos cortados y el fondo del pozo de donde fuimos cavados; y semejante retrospecto probablemente nos llenará, por un lado, de profunda humildad, y por otro, de ferviente gratitud.

En otras ocasiones se nos exhorta a mirar hacia adelante; y en proporción a la influencia de esa fe que es la sustancia de las cosas que se esperan y la evidencia de las cosas que no se ven, indudablemente lo haremos; pues es prerrogativa especial de ese principio divino no solo hacer visibles los objetos ocultos, sino también acercar los objetos distantes.

Asimismo, se nos dirige con frecuencia a mirar hacia arriba. Debido a nuestra propensión a aferrarnos al polvo y a las cosas terrenales, la voz del cielo proclama en nuestros oídos: «Si, pues, habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba».

Pero en las palabras que tenemos ante nosotros se nos manda mirar hacia dentro; es una exhortación que nos llama a apartar la atención de todos los objetos externos con el fin de cultivar un conocimiento más íntimo de nosotros mismos.

Al establecer este deber se emplean dos expresiones. La primera es: «Examinaos a vosotros mismos»; hágase una búsqueda diligente e imparcial del estado y carácter espiritual. Pero se añade: «probaos a vosotros mismos»; en alusión, probablemente, a la manera en que los metales son probados con el propósito de averiguar si son puros o están aleados. Nosotros, de igual modo, debiéramos someter a prueba nuestros motivos, principios, temperamentos, palabras y acciones, para descubrir si son falsos o verdaderos, falsificados o genuinos.

La prueba por la cual hemos de examinarnos es la palabra de Dios. Este es uno de los propósitos especiales a los que deben aplicarse las Escrituras. Tienen muchos otros usos, todos de la mayor importancia. Un excelente —aunque algo excéntrico— ministro observó en cierta ocasión, al aplicar su discurso, que su tema podía aprovecharse de cuatro maneras diferentes. Primero, como piedra de afilar; segundo, como imán; tercero, como mojón; y cuarto, como piedra de toque. Y lo que así dijo de manera curiosa respecto al tema particular que había estado tratando, puede aplicarse a la verdad divina en general. Es una piedra de afilar, que afila nuestra embotada sensibilidad y da un filo más agudo a todos nuestros sentimientos y ejercicios. Es un imán, que nos atrae desde nuestra lejanía de Dios y dirige nuestros deseos y afectos de los objetos del tiempo y los sentidos hacia el cielo y las cosas celestiales. Es un mojón, que no solo señala el camino de la vida, sino que nos indica el progreso que hemos realizado en nuestro viaje; si vamos avanzando hacia la ciudad resplandeciente, o si vamos hacia atrás, o si estamos quietos. Y es especialmente una piedra de toque, que evidencia lo que realmente somos; si nuestra moneda es de valor celestial, o si puede decirse de nosotros: «Plata reprobada llamarán, porque el Señor los ha rechazado».

Lector, teme sobre todas las cosas el pensamiento del autoengaño. ¡Cuán terrible sería que imaginaras estar justificado delante de Dios y, sin embargo, permanecieras bajo la sentencia condenatoria de su justa ley! ¡Dar por sentado que has sido renovado por el lavamiento de la regeneración y, con todo, no tener parte ni lote en el asunto, estando aún en la hiel de amargura y en los lazos de iniquidad! ¡Suponer que viajas al cielo y, no obstante, acercarte, día tras día, más y más al infierno! ¡Que Dios, en su infinita misericordia, te preserve de semejante estado!

Fuente y atribución

Autor original: John MacDuff

Título original: The Needful Duty

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de John MacDuff, publicado originalmente en Grace Gems.

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