¿Por qué he confundido este desierto espinoso con un jardín de flores? ¿Por qué he confundido este lugar de peligro con un palacio de deleite? ¿Por qué he confundido este desierto aullante con un bosque encantador? Si el mundo tiene alegrías, no tiene ninguna para mí: son carnales o ilícitas. Mis alegrías deben ser puras y espirituales. Si la criatura proporciona placeres, no pueden convenir a mi alma: su miel está mezclada con hiel, su dulzor con ajenjo, su vino con agua, su oro con escoria, y todo está mezclado con veneno. Los placeres que debo buscar son aquellos de los cuales mi alma pueda alimentarse sin peligro, banquetearse sin exceso y regocijarse sin pecado.
Además, ¿por qué espero consuelo en este mundo? ¿Puedo esperar, o siquiera desear, atravesar el valle de lágrimas con cánticos? ¿Puedo esperar habitar en la casa del luto con gozo? ¿Me iría mejor que a mi mejor Amigo? Mientras estuvo aquí, fue un Varón de dolores, ¿y no probaré yo la copa salada? Él fue entendido en el quebranto, ¿y seré yo un extraño a él? ¿Sería yo recibido con amabilidad en aquel mismo lugar donde él no tuvo donde reclinar su cabeza? ¿Me iría como los reyes de la tierra, cuando el Rey de reyes no se fue tan bien como las aves del cielo o las zorras del campo? ¿Iría yo por otro camino a la gloria que el que los santos han pisado siempre? ¿Iría yo por un «cielo terrenal» hasta el cielo celestial, cuando es a través de mucha tribulación como debo entrar en el reino celestial? ¿Puede la esposa estar alegre cuando el Esposo no está con ella? ¿Puedo estar tranquilo, puedo estar quieto, entre los enemigos de mi Señor el Rey, donde la voz general es: «¿Reinará este hombre sobre nosotros? No queremos que él reine sobre nosotros»?
¡Oh, que mi cabeza fuera aguas, y mis ojos una fuente de lágrimas, para que llorara día y noche por los pecados de mis semejantes, por los muertos de mis consocios en el pecado! Que el dolor se apodere de mi corazón, y la tristeza clave allí sus garras de hierro: es todo lo que puedo hacer por el honor de mi Señor.
No conoceré dolor sino por ti; ni gozo sino en ti. No conoceré dolor sino en ti: herido en tu gloria, blasfemado en tu nombre, descreído en tus promesas, difamado en tu santidad, ultrajado en tus santos, despreciado en tus amenazas, desdeñado en tu amor y contradicho en tu verdad. No conoceré gozo sino en ti, como mi única porción, mi galardón sobremanera grande. No conoceré consuelo sino en ti, triunfando en el evangelio sempiterno y adorado desde el nacimiento hasta el ocaso del sol.
Esta es la noche del llanto; y aunque el llanto dure por la noche del tiempo, el gozo viene en la mañana de la eternidad. Debo pelear mientras esté en el campo de batalla; y basta con obtener la corona después de la batalla. Soy obrero, y no debo recostarme a descansar hasta que las sombras de la tarde cubran mis cansados miembros. El mundo es un suelo demasiado estéril para dar gozo verdadero; pues donde el pecado, dentro y alrededor, abunda, ¿cómo puede triunfar el consuelo, que solo crece cuando el pecado cae, y cae cuando el pecado crece? Pero en esto consiste mi consuelo: que aunque en el mundo tendré tribulación, en él puedo tener buen ánimo, porque él ha vencido al mundo. Además, en medio de toda la tristeza que ahora me rodea, tengo un gozo interior que hace cantar y florecer a mi corazón con la hermosa perspectiva del gozo eterno que brota de su divina fuente, la cual, sin el menor temor de que retorne la tristeza, será la fortaleza de mi alma para siempre.
Fuente y atribución
Autor original: James Meikle
Título original: This life a valley of tears
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de James Meikle, publicado originalmente en Grace Gems.