Si descendemos por un momento de estas contemplaciones sublimes, es para dirigir una breve palabra, en conclusión, a quienes no saben nada de tan gloriosas esperanzas —que están encerrados en los sueños de una muerte mucho más triste. ¡Sí! Hay un sueño y una muerte más temibles que los de la tumba. Más bien hay que envidiar a quienes han “dormido” en Jesús. La fe, en sus más nobles meditaciones, no los lloraría de vuelta desde sus coronas ni los privaría de su dicha. Pero a quienes todavía duermen en el profundo silencio sepulcral de la muerte espiritual, hay que tenerles lástima. Con profunda solemnidad, escúchese la advertencia: “¡Despierta, tú que duermes, y levántate de entre los muertos, y Cristo te dará vida!”.
Cuando somos llamados, como a veces lo somos, a oír de lechos de muerte en todas las fases de la existencia —en todas las etapas del viaje entreverado —la virilidad en la hoja marchita y amarilla —la juventud en su plenitud —la niñez en su inocencia —la infancia en su yema más tierna; o cuando estas verdades nos llegan como saetas emplumadas de nuestro propio seno —pensamientos solemnes que brotan de lo más hondo de nuestro ser— no sé qué podrá decidir a un hombre en serio si lecciones tan impresionantes no logran hacerlo. ¡Lector! Si Dios te encontrara esta noche, ¿podrías tú encontrarlo a él? ¿Estarías preparado para los libros abiertos y para el Gran día del juicio? Nada —nada aprovechará en aquella hora sino la vida de fe en el Hijo de Dios; no el miserable quizás de un arrepentimiento en el lecho de muerte, sino un cierre honesto, amoroso y cordial AHORA con esa gran salvación.
No es sino un hilo delgado el que nos une, a nosotros o a nuestros hijos, a la existencia; en cada momento, en verdad, ¡solo hay un paso entre nosotros y la muerte! ¡Oh, que podamos vivir de tal modo, y procurar que nuestros hijos vivan de tal modo, que ese paso sea considerado como un paso entre nosotros y la gloria! Y que, cuando llegue el llamamiento final, sea —lo que los amigos que lloran no pueden ver— los carros de salvación y los caballos de fuego, esperando para llevarnos al Paraíso.
Fuente y atribución
Autor original: John MacDuff
Título original: THE EARLY DEATH OF AN ONLY DAUGHTER — Parte 4
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de John MacDuff, publicado originalmente en Grace Gems.