La Biblia dice mucho acerca de la FE. Vivimos por fe cuando creemos en cosas que no podemos ver y luego actuamos como si esas cosas fueran verdaderas. Eso es lo que nos enseña el primer versículo: «Ahora bien, la fe es la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve». Esperamos que Dios nos ame. Si llegamos a estar tan seguros de ello que acogemos esa esperanza en el corazón como un hecho, eso es fe. Si de verdad creemos que Dios nos ama, esa verdad significa mucho para nosotros. Entonces ya no tememos a Dios: Él es nuestro Amigo. Tenemos muchas cosas difíciles que soportar —pérdidas, dolores, sufrimientos, decepciones—, pero si de verdad creemos que Dios nos ama, no nos dejaremos perturbar grandemente por tales experiencias. Si realmente creemos que Cristo resucitó de los muertos, sabemos que tenemos un Salvador vivo que es nuestro Amigo, nuestro Compañer, nuestro Auxiliador y nuestro Guía.
La fe es estar «ciertos de lo que no se ve». Es decir, nos hace tan seguros de las realidades espirituales invisibles en las que creemos, como si fueran visibles a nuestros ojos naturales. Colón creía que había una tierra, un continente, otro país, más allá del mar, y esa creencia se convirtió en una convicción tan fuerte que se lanzó al mar para encontrar la tierra en la que creía, y navegó hasta hallarla. La Biblia nos habla de un mundo eterno más allá de la tierra, la casa de nuestro Padre, el hogar, la vida eterna. No podemos verlo. Pero si tenemos fe, esa patria celestial se vuelve tan real para nosotros como Inglaterra lo es para el viajero que este mes se hace a la mar para cruzar el océano hacia Liverpool.
«En la fe alcanzaron buen testimonio los antiguos». Los hombres que han ganado un registro honorable en el pasado lo han ganado por la fe. Las personas que no tienen fe nunca hacen gran cosa de su vida. Así es incluso en los planos más bajos. Solo podemos tener amigos por la fe. No podemos vigilar siempre a las personas para ver si nos son fieles. No podemos tenerlas siempre a la vista. Cuando están lejos de nosotros, no podemos enviar espías que las sigan para ver si nos son amigables. Tampoco podemos ver en las personas las virtudes que deseamos en nuestros amigos: verdad, bondad, mansedumbre, desinteres, fidelidad, nobleza. Estas cualidades solo podemos verlas por la fe. Así que nunca podemos tener amigos, sino por la fe. Todas las conquistas y logros elevados de toda clase se alcanzan solo por la fe. Todos los verdaderos héroes son héroes de la fe.
«Por la fe entendemos que el universo fue formado por la palabra de Dios, de modo que lo que se ve fue hecho de lo que no se veía». Nadie vio a Dios haciendo los mundos. Solo por la fe sabemos cómo llegaron a ser. La Biblia nos dice todo lo que sabemos al respecto. Volvemos a Génesis, y tenemos una visión de un periodo en el que no había nada sino a Dios: «En el principio creó Dios». Luego tenemos una visión de la tierra como caos, «desordenada y vacía», y el Espíritu de Dios planeando sobre ella con amor, como el futuro hogar de los hijos de Dios. Después tenemos el relato de la creación, completado al fin en el hombre hecho a imagen de Dios. Sea cual sea la teoría que aceptemos sobre el modo u orden de la creación, al menos sabemos que «por la fe entendemos que el universo fue formado por la palabra de Dios, de modo que lo que se ve fue hecho de lo que no se veía».
«Por la fe Abraham, cuando fue probado, ofreció a Isaac como sacrificio». Toda la vida de Abraham, desde su llamado, fue una vida de fe, pero la prueba suprema llegó cuando se le mandó renunciar a su hijo, su único hijo. No planteó preguntas. No era asunto suyo preguntar por qué. Era Dios quien había dado la promesa centrada en Isaac, y era Dios quien ahora enviaba a Abraham al monte Moriah para ofrecer a Isaac sobre el altar. Él no podía entenderlo, pero Dios lo entendía, y eso bastaba; el único deber de Abraham era obedecer. Eso fue fe. Consideró que Dios era capaz de resucitar a Isaac de entre los muertos. Nada de lo que Dios nos mande hacer puede traernos jamás daño ni pérdida real. Sus mandamientos nunca anulan ni cancelan Sus propósitos, ni entran en conflicto con ellos. Ningún sacrificio doloroso y costoso que Él exija puede interferir con el pacto de amor de Dios.
«Por la fe Jacob, cuando murió, bendijo a cada uno de los hijos de José». La fe de Jacob, manifestada en este suceso, se vio en la manera en que cruzó las manos al bendecir a los muchachos. José se enteró de que el anciano, su padre, estaba enfermo, y llevó a sus hijos para que recibieran la bendición del abuelo antes de que muriera. Jacob amaba a José, y amaba a los hijos de José y los adoptó, recibiéndolos entre sus propios hijos, besándolos y abrazándolos, y luego extendiendo sus manos delgadas y temblorosas para posarlas sobre las cabezas de los muchachos, mientras pronunciaba sobre ellos esta hermosa bendición: «El Dios en cuya presencia anduvieron mis padres Abraham e Isaac, el Dios que me pastorea desde que soy hasta este día, el Ángel que me libra de todo mal, bendiga a estos jóvenes; y sea llamado en ellos mi nombre». José había colocado a los muchachos ante su padre ciego, de modo que su mano derecha reposara sobre el mayor y su izquierda sobre el menor. Pero Jacob cruzó las manos de manera que la derecha quedó sobre la cabeza del menor, «guiando sabiamente sus manos». José trató de corregir el error del anciano, pero Jacob sabía lo que hacía. Efraín, el menor, sería el mayor.
«Por la fe José, cuando estaba para morir, mencionó la salida de los hijos de Israel; y dio mandamiento acerca de sus huesos». Buscamos la fe en nuestro estudio de estas antiguas historias. José hizo jurar a sus hermanos que no lo sepultarían en Egipto. «Dios ciertamente os visitará,... y llevaréis mis huesos de aquí». Eso fue fe. Egipto había sido el lugar de su gloria, pero él no era egipcio; era un israelita patriota. Creyó la promesa de Dios de que conduciría a Su pueblo a su propia tierra, y dejó dispuesto en su voluntad que entonces su cuerpo fuera llevado y sepultado entre su pueblo.
«Por la fe Moisés, cuando nació, fue escondido por sus padres tres meses... cuando hubo crecido, rehusó llamarse hijo de la hija de Faraón». El primer ejemplo de fe estuvo en sus padres. Fueron llevados a creer que su niño sería el libertador de su pueblo, y así determinaron que su vida debía ser preservada. Es una hermosa historia la que narra cómo lo preservaron y aseguraron su crianza, primero bajo el cuidado de su madre para que fuera un israelita leal, y luego bajo la princesa de Egipto, para que recibiera la mejor educación que el mundo de aquel día podía ofrecerle, a fin de estar preparado para ser el líder y legislador de su nación.
El otro ejemplo de fe estuvo en el propio Moisés, quien, al conocer y comprender la condición de su pueblo y sus agravios, renunció a Egipto con sus honores y riquezas, para consagrarse a los intereses de su pueblo. Fue un costo y sacrificio tremendo el que Moisés hizo al identificarse con su pueblo. Pero la fe nunca cuenta el costo. Ve el bien que tiene delante y renuncia a todo para alcanzarlo.
«Se sostuvo como viendo al Invisible». Aquí tenemos el secreto de la perseverancia de Moisés en toda su noble vida. Él no vio a Dios; nadie ha visto jamás a Dios, que es invisible. Pero su fe hizo a Dios tan real para él como si realmente lo hubiera visto. Si tuviéramos esa fe, la presencia de Cristo, que se nos promete continuamente, sería tan real para nosotros como lo fue para Sus primeros discípulos cuando estaban con Él en Galilea. Entonces seríamos fuertes, invencibles, victoriosos. ¿Por qué no comenzar a «practicar la presencia de Dios»?
Fuente y atribución
Autor original: J. R. Miller
Título original: Heroes of Faith
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. R. Miller, publicado originalmente en Grace Gems.