El camino del cristiano

La esperanza segura del creyente fundada en Cristo

La esperanza cristiana se funda en la Roca de los siglos y resiste las tormentas del tiempo y de la muerte, porque descansa en el Dios que no miente y en las promesas inmutables de su palabra.

La esperanza del cristiano merece bien el apelativo que aquí se le da. Descansa sobre un fundamento bueno, pues está edificada, no sobre la arena movediza, sino sobre la Roca de los siglos. ¡Oh esperanza bendita! Una esperanza firme y constante. No puede ser derribada por toda la malicia de los hombres ni por toda la furia de los demonios. Las tempestades del tiempo no pueden destruirla, ni las aguas de la muerte pueden apagarla. Desafía la guerra de los elementos, triunfa en medio del naufragio de la materia y sonríe ante el estruendo de los mundos. Sus anticipaciones más gloriosas se harán realidad en aquel gran día, cuando la esperanza de los impíos quede extinguida en las tinieblas de las densas oscuridades para siempre.

«Y la esperanza», dice el apóstol, «no avergüenza»; pero solo a esta buena esperanza se aplican estas palabras. Quienes la poseen no serán avergonzados ni confundidos por toda la eternidad. Los hombres pueden albergar expectativas que jamás se cumplirán; pero «Dios no es hombre, para que mienta, ni hijo de hombre, para que se arrepienta». ¡Cuán decisivas son las declaraciones de su palabra respecto a la certeza absoluta de aquellas cosas que ha prometido a su pueblo! «En la esperanza de la vida eterna, la cual Dios, que no miente, prometió antes que comenzara el mundo». «Por lo cual, queriendo Dios mostrar más abundantemente a los herederos de la promesa la inmutabilidad de su consejo, interpuso juramento; para que por dos cosas inmutables, en las cuales es imposible que Dios mienta, tengamos un fortísimo consuelo los que hemos acudido para asirnos de la esperanza puesta delante de nosotros». Teniendo tales seguridades, bien puede ser nuestro lenguaje: «¡Basta!». ¡Cuán claramente muestran que la expectación del justo no será cortada, y que su esperanza nunca será como el dar up del Espíritu.

Lector, te conviene examinar bien la naturaleza y los fundamentos de tu esperanza. Que esta te defraude al final sería, en verdad, muy triste. Preguntamos entonces —

«¿Cuál es tu esperanza? ¿Resistirá la prueba\nde la hora expirante de la naturaleza?\n¿Como armadura probada, resguardará tu pecho\ncontra el poder del lúgubre tirano?\n¿Gozará tu alma y disipará la lobreguez,\nlos horrores de la oscuridad que cubre el sepulcro,\ncuando los hálitos de muerte comiencen en tu frente,\ny la sangre vital se retire de tu helado corazón?\n\n¡Desecha tal esperanza! — peor que vana es\ncultivar una esperanza que entonces te fallará.\nPero tú esperas en Cristo; a la hora moribunda\nesta esperanza trae dulce seguridad,\ncuando los favores del mundo, la riqueza y el poder\nserán ya cosas olvidadas.\n\nSí, esperas en Cristo, aunque gusano vil,\ny tu alma estará salva y firme tu confianza;\ntriunfante cruzarás el sombrío abismo\nque separa de este el mundo eterno;\ny confiando con esperanza tu frágil carne al polvo,\ntu alma ascenderá a tu Salvador y tu Dios!»

Fuente y atribución

Autor original: John MacDuff

Título original: The Sure Hope

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de John MacDuff, publicado originalmente en Grace Gems.

Comparte esta lectura