Muy correcto fue en los discípulos preguntar por qué no habían podido echar fuera al espíritu maligno. Siempre que hemos fracasado en un intento de vencer el pecado, deberíamos preguntar cuál fue la causa del fracaso, y encontraremos que la causa fue la incredulidad de nuestros corazones. Quizá, antes de que el Señor viniera y mostrara su poder echando fuera al espíritu, los discípulos pensaron que el obstáculo para el éxito estaba en el padre. Pero había quedado claramente demostrado que el padre estaba en disposición de ánimo adecuada para recibir la misericordia que imploraba. El estorbo estaba en los corazones de los discípulos: no tenían fe suficiente en el poder de Dios para ejercer los dones milagrosos que se les habían conferido.
El Señor, tras haberles hablado de su incredulidad, añadió estas notables palabras: Si tuviereis fe como un grano de mostaza, diréis a este monte: Pásate de aquí allá, y se pasará; y nada os será imposible. Se supone que nuestro Salvador en esta declaración se valió de las palabras de un proverbio bien entendido entre los judíos. El grano de mostaza era un término usado para representar una cantidad muy pequeña, porque la mostaza es la más pequeña de todas las semillas en proporción al tamaño del árbol que produce. El monte era un término usado para representar una dificultad muy grande, porque un monte no puede ser removido por el poder del hombre. El sentido de las palabras del Salvador parece ser, pues, este: Si tenéis siquiera un pequeño grado de fe verdadera respecto de los dones que os he conferido, podréis realizar milagros asombrosos. Era deber de los discípulos creer que Dios los ayudaría a obrar milagros. ¿Y por qué era su deber? Porque Cristo había prometido capacitarlos para realizarlos. La fe es la creencia de las promesas de Dios. No es nuestro deber creer que Dios nos ayudará a obrar milagros. ¿Por qué no? Porque Dios no ha prometido darnos ese poder. Pero nos ha dado otras promesas, grandísimas y preciosas; y si poseemos fe verdadera, que como un grano de mostaza crece sin cesar, al fin podremos vencer toda dificultad que se oponga a nuestra salvación.
¿Qué dificultades ha prometido Dios capacitarnos para vencer? Ha prometido capacitarnos para vencer al mundo. ¿Quién es el que vence al mundo, sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios? (1 Jn. 5:4). Ha prometido capacitarnos para vencer el cuerpo de muerte, que es el pecado. Pablo dijo: ¡Miserable de mí! ¿quién me librará de este cuerpo de muerte? Gracias doy a Dios, por Jesucristo nuestro Señor (Rom. 7:24-25). Ha prometido capacitarnos para vencer al diablo: Resistid al diablo, y huirá de vosotros. Dios cumplirá todas sus promesas si tenemos fe. ¿Y cómo se obtiene y se aumenta la fe? Con oración y, en algunos casos, también con ayuno. Parece que los discípulos habían descuidado el orar y el ayunar. El espíritu maligno que poseía al joven era de una clase particularmente maliciosa y violenta, pero aun esa clase podía ser echada fuera con oración y ayuno. No nos quejemos, pues, de que no podemos vencer ningún pecado; porque si oráramos con fervor obtendríamos ayuda según nuestra necesidad. No hay nada demasiado difícil para Dios, ni nada demasiado difícil para los creyentes cuando son llamados y asistidos por el Señor. Pablo declaró: Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.
Fuente y atribución
Autor original: F. L. Mortimer
Título original: Christ speaks to his disciples on the power of faith
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de F. L. Mortimer, publicado originalmente en Grace Gems.