Lecturas bíblicas diarias en la vida de Cristo

La gloria escondida del Niño que cambió el mundo

El Señor de gloria se hizo un niño débil y dependiente, plegando su majestad bajo la carne humana para levantarnos hasta compartir su exaltación.

¡Cuán maravilloso fue esto! Debemos recordar quién fue el que así nació. El nacimiento de otro niño en este mundo no era nada extraordinario, pues miles de niños nacen cada día. Pero este era el Señor de gloria. Este no fue el principio de su vida. Él había vivido desde toda la eternidad en el cielo. Sus manos hicieron el universo. Toda la gloria era suya. Todas las coronas de poder resplandecían sobre su frente. Todos los ángeles poderosos lo llamaban Señor. Debemos recordar esto, si queremos comprender cuán grande fue su condescendencia.

Todo escolar ha leído que Pedro el Grande abandonó su trono y, en humilde disfraz, se puso como aprendiz de carpintero. Entre los trabajadores comunes laboraba, vestido con sus ropas de trabajo, viviendo en una cabaña, preparando su propia comida, haciendo su propia cama. Sin embargo, al hacerlo, nunca dejó de ser, ni por un instante, el emperador de Rusia. Su esplendor real fue dejado a un lado por un tiempo; su poder y majestad regios fueron velados temporalmente bajo el disfraz que llevaba; pero no hubo nunca una hora en que no fuera emperador.

Así también, la gloria de Cristo fue plegada y guardada bajo vestiduras de carne humana. Él nunca dejó de ser el Hijo de Dios; y, sin embargo, asumió todas las condiciones de la humanidad. Veló su poder, y se hizo un niño indefenso, incapaz de andar, de hablar, de pensar, yaciendo débil y dependiente en el seno de su madre. Veló su conocimiento, y aprendió como lo hacen los demás niños. Dejó a un lado su soberanía y su majestad. ¡Qué condescendencia! Y todo fue por amor a nosotros, para poder levantarnos hasta la gloria.

Fue como Salvador que Él vino a este mundo. Se hizo Hijo del hombre para que pudiera hacernos hijos de Dios. Descendió a la tierra y vivió entre los hombres, entrando en sus experiencias de humillación, para poder levantarlos a la gloria y hacerles partícipes de su exaltación.

Fuente y atribución

Autor original: J. R. Miller

Título original: The Christ Child

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. R. Miller, publicado originalmente en Grace Gems.

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