Si Dios el Señor nos ha mostrado luz, nos ha mostrado luz tanto respecto a él mismo como respecto a nosotros. Nos ha mostrado quién es él; ha estampado algo de sí mismo en nuestras conciencias; ha descubierto algo de su glorioso carácter a nuestras almas y, bajo la operación del Espíritu Santo, nos ha llevado a su presencia para recibir comunicaciones de vida de la inagotable plenitud de Cristo. Así, en esta luz vemos y sentimos que tenemos que habérnoslas con un Dios que escudriña el corazón; con un Dios que aborrece el pecado; con un Dios que no puede ser escarnecido ni tratado con ligereza.
En esta luz vemos y sentimos que todo secreto del corazón y todo movimiento de la mente está abierto delante de él; y en ella, en la medida que él se digne manifestarla, vemos lo que somos a sus ojos santos y puros: una masa de pecado, inmundicia y corrupción, sin ayuda, sin fuerza, sabiduría o justicia, sin hermosura de criatura, sin nada que podamos llamar espiritualmente bueno. Y por otra parte, Dios el Señor, al mostrarnos luz, nos ha revelado más o menos el camino de salvación por Jesucristo. No sólo nos ha mostrado lo que somos por naturaleza, sino que se ha dignado mostrarnos lo que somos por gracia; no sólo ha traído a nuestros corazones algún conocimiento de él como Dios de justicia perfecta, sino también como Dios de misericordia, y así, en cierta medida solemne, a conocer al único Dios verdadero y a Jesucristo, a quien ha enviado, haciendo brotar la vida espiritual en nuestras almas.
Fuente y atribución
Autor original: J. C. Philpot
Título original: June 28
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. C. Philpot, publicado originalmente en Grace Gems.