Necesitábamos una Cabeza gloriosa de su Iglesia como Jesús. Moisés no habría bastado, ni Aarón habría sido suficiente. Precisábamos alguien en quien morara toda la plenitud de la Deidad corporalmente, Uno no solo lleno del Espíritu, sino poseedor de él sin límite y sin medida. Necesitábamos a alguien que tuviera suficiencia no solo para Sí mismo, sino también para un pueblo pobre y necesitado, que como vasijas vacías debía colgar de Él como de su verdadero Eliacim. En Cristo no faltó la unción del Espíritu, y oh, cuánto de ese Espíritu necesitó Él mismo para resolver el gran problema de la recuperación del hombre. Considerado en su naturaleza inferior como hombre, ¿cómo podría haberlo logrado si no hubiera sido sostenido por la gracia sobrenatural del Espíritu? Como Cabeza de la Iglesia, entonces, esperemos de una fuente tan plena, rica y abundante toda bendición espiritual. Con Él está el residuo del Espíritu. Él es nuestro verdadero Aarón, cuya unción desciende hasta sus pies en ríos de gracia, suficiente para la necesidad más honda del creyente más débil y humilde.
Una inferencia solemne de este tema es esta: si nuestro Señor, bendito y adorable, necesitó el Espíritu, ¡cuánto más su pueblo! Si Él lo necesitó para ser fortalecido, consolado, sostenido, enseñado y ungido, ¡cuánto más profunda es nuestra necesidad de la misma bendición exaltada! Él no tenía infirmidad humana pecaminosa, ni había en su alma conflicto entre los principios antagónicos del pecado y la santidad; y, sin embargo, como hombre dependía en cada instante de la gracia santificadora, enseñadora y sostenedora del Espíritu. Pero nuestra necesidad del mismo Espíritu es infinitamente mayor. Estamos rodeados de innumerables flaquezas pecaminosas; tenemos una ley en nuestros miembros que pelea contra la ley de nuestra mente y nos lleva cautivos al pecado. Somos asaltados constantemente por Satanás y, con igual constancia, propensos a ceder. ¡Con qué poder y con qué actos continuos de fe deberíamos lanzarnos sobre el Espíritu! ¡Con cuánta insistencia deberíamos orarle en toda súplica, implorando su gracia que guía, enseña, sella y consuela, para ayudarnos en todo tiempo de necesidad! Acércate, pues, a esa plenitud, y recibe gracia sobre gracia: la gracia que necesitas, igual a toda la gracia que mora en Él.
Fuente y atribución
Autor original: Octavius Winslow
Título original: Evening Thoughts - April 12
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Octavius Winslow, publicado originalmente en Grace Gems.