Siempre soy culpable de alguna locura, de alguna locura incomprensible. O bien mi fe condena mis temores, o mis temores acusan a mi fe de locura. Puedo confiar con seguridad en Dios como mi guardián y guía, en las tinieblas del valle de la muerte, donde he de caminar solo. ¿Por qué he de desconfiar de él en el camino real de la vida, donde miles caminan conmigo? ¿Me atrevo a confiar a él los asuntos de mi alma, y esperar la salvación en su nombre; y, con todo, desconfiar de él en cuanto a los cuidados de mi vida presente, ni esperar sus necesidades en su providencia? ¿Puedo poner mi alma en su mano, y juzgarla segura a través de los intrincados laberintos de una duración eterna, y, sin embargo, dudar si puedo depender de su promesa y providencia a través de los pocos revueltos de una vida pasajera?
¿O cuidará Dios del alma, pero desechará el cuerpo? ¿Dará de comer al cuervo, adornará al lirio, y dejará pasar hambre a su hijo? ¿Concederá los bienes de esta vida, aun en exceso, a sus enemigos; y retendrá los suministros necesarios de su pueblo? Un suministro de las cosas necesarias en este mundo basta para aquellos que han de heredar todas las cosas en el más allá. ¿Puede guiar las estrellas en sus órbitas, y la ordenada revolución del día y de la noche, del verano y del invierno, de la sementera y de la siega —y no regir los acaeceres de mi vida? ¿Puede aquel que ha entregado a su Hijo para que muera libremente por mi alma, no proveerme de todas mis necesidades físicas? ¿Pienso que Dios es el Dios de los montes de la eternidad, pero no de los valles del tiempo? ¿Pienso que, porque su morada está en las alturas de la gloria, no gobierna los lugares profundos de la tierra, que también están en su mano? ¡Qué gran bestia soy en las cosas sagradas, que puedo delegar mi «gran todo» en él, y, con todo, desconfiar de él con mis asuntos triviales —y con lo que no es nada en absoluto!
Ahora bien; como todo lo que deseo es entrar por la puerta de la gloria, y no me aflijo por lo que habrá de ser de mí después, ni por cómo las vastas demandas de mi alma ensanchada, de mis potencias inmortales, habrán de ser suplidas a través de edades sin fin —así también, puesto que ya estoy entre los numerosos seres de este orbe inferior, todos los cuales son sustentados de su liberalidad, preservados por su poder y gobernados por su providencia— no tengo motivo de ansiedad acerca de mi situación presente, acerca de esta vida pasajera; excepto, en el uso lícito de medios lícitos, confiarlo todo en su mano, que hace todas las cosas bien, y da a todo su pueblo su esperado y glorioso fin.
Fuente y atribución
Autor original: James Meikle
Título original: Contradictions
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de James Meikle, publicado originalmente en Grace Gems.