La vida de Cristo para cada día

Los talentos y el servicio que nace del amor perdonado

La última parábola registrada de Cristo enseña que los talentos son oportunidades de hacer bien, y que el perdón recibido mueve al creyente a servir por amor, no para ganar el perdón.

Hay una circunstancia que hace muy notable esta parábola: es la última que se registra como relatada por nuestro Señor. La primera registrada fue la parábola de los hombres que edificaron casas, uno sobre la roca y otro sobre la arena. Hay gran semejanza entre el caso del hombre que edificó su casa sobre la arena y el del siervo que escondió su talento en la tierra. Ambos eran hombres que oyeron los dichos de su Señor pero no los pusieron por obra. ¿Habría nuestro Señor escogido estos ejemplos para su primera y su última parábola si el carácter descrito no hubiera sido común y el error fatal? Debemos, pues, prestar muy earnest atención a la parábola que acabamos de leer e indagar si la advertencia que contiene se aplica a nosotros.

Nuestro Señor había relatado una parábola muy parecida pocos días antes, camino a Jerusalén. Pero en aquella ocasión estaba rodeado de fariseos lo mismo que de sus propios discípulos; en ésta no tenía otro auditorio que sus discípulos. Él siempre adaptaba sus instrucciones a sus oyentes. Cuando hablaba a los fariseos, introducía en la parábola una descripción de enemigos abiertos que decían: «No queremos que éste reine sobre nosotros.» Pero cuando se dirigía sólo a sus discípulos, omitía toda mención de aquellos enemigos.

No nos será difícil descubrir qué se entiende por los talentos confiados a los siervos. El Señor mismo explicó su significado inmediatamente después de relatar la parábola, pues entonces se describió sentado sobre el trono de su gloria e inquiriendo si los que estaban a su alrededor habían alimentado a sus santos hambrientos y visitado a sus prisioneros desolados. Los talentos representan oportunidades de hacer el bien. La aflicción enviada a uno es la oportunidad concedida a otro.

Hay un punto que nunca debe pasarse por alto al considerar esta parábola. ¿Con qué propósito fue relatada? ¿Estaba destinada a mostrar a un pecador cómo podía obtener el perdón? No. Hay otras parábolas que lo muestran. Las del hijo pródigo, de los dos deudores y del buen pastor muestran todas que es por la gracia libre de Dios y la preciosa sangre de Cristo como se otorga el perdón. Esta parábola se destina a enseñar, no cómo un pecador puede obtener el perdón, sino cómo un pecador perdonado puede servir a Dios.

A quien mucho se le perdona, mucho ama. Y mucho hace también. ¡Cuán fácil, cuán agradable es servir a quienes amamos! ¡Cómo conjeturamos sus necesidades y anticipamos sus deseos! ¡Cuán dispuestos estamos a correr un riesgo o a hacer un sacrificio para complacerlos! ¡Cuán lentos somos a decir que no podemos hacer lo que desean! Pueden interponerse dificultades, pero generalmente las vence un corazón amoroso. ¡Si los verdaderos creyentes amaran más a su Salvador, cuánto más bien harían en el mundo! Pablo declara: «El amor de Cristo nos constriñe.» ¿Nos constriñe a hacer qué? A no vivir para nosotros mismos, sino para aquel que murió por nosotros y resucitó.

Todos necesitamos más de este espíritu. El hipócrita no tiene nada de él; vive sólo para sí mismo. Pero, ¿tiene bastante de él el verdadero creyente? ¡Oh, no! Aun el siervo que había ganado cinco talentos sentirá que ha hecho demasiado poco para un amo tan bondadoso, cuando oiga las palabras: «Bien, buen siervo y fiel, entra en el gozo de tu Señor.» Verá tal desproporción entre su servicio y su recompensa, que se avergonzará de su pasada negligencia y se asombrará de la munificencia de su Señor.

Fuente y atribución

Autor original: F. L. Mortimer

Título original: The parable of the talents

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de F. L. Mortimer, publicado originalmente en Grace Gems.

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