Cuando comienza el canto

Más blanco que negro: el gozo de ver la bondad de Dios

Una reflexión devocional sobre cómo, en la vida como en la naturaleza, siempre hay más bien que mal, más gozo que tristeza; una invitación a entrenar el corazón para vivir agradecido y hallar la luz aun en los días oscuros.

Un breve relato en verso cuenta de un pastorcillo que llevaba sus ovejas por un valle, cuando un desconocido, al encontrarlo, miró su rebaño y dijo: «Veo que tienes más ovejas blancas que negras». «Sí», respondió el muchacho, «siempre es así». Con las ovejas siempre es así. En cada rebaño hay muchas más blancas que negras. Entonces podemos adoptar una mirada más amplia, y descubriremos que en todas partes de la vida hay más blanco que negro.

Así es en la naturaleza. Hay algunos lugares desérticos en la tierra, pero, por otro lado, podemos pensar en los amplios campos fértiles que se extienden por todas partes. Además, mucho de lo que llamamos desierto es en realidad rico en sus posibilidades de fertilidad y cultivo, y solo necesita que se le lleve el agua de las montañas que lo dominan para transformarse en la belleza de un jardín. Aun los desiertos irrecuperables tienen sus compensaciones. No son del todo inútiles. El Sahara parece una mancha en el rostro de la tierra, pero hace que el sur de Europa sea lo que es, con su clima semitropical y sus producciones, mientras que, sin el desierto, sería, con sus largos inviernos y su frío, como otros países situados a la misma latitud. Hay más blanco que negro en la naturaleza.

Así ocurre con las condiciones humanas. Hay algunas personas afligidas en toda comunidad. Hay quienes parecen desafortunadas en sus circunstancias. Hay hogares con dolor dentro, con sillas vacías y lugares vacíos, y con recuerdos de pérdidas dolorosas. Hay corazones tristes y personas solitarias en toda comunidad. Pero el número de los que lloran y se afligen es muy superado por la gran multitud de los que son felices. Hay más cantos que lamentos. Hay más risas que llanto, más blanco que negro.

Siempre hay muchos enfermos, lisiados, ciegos y sufrientes en cualquier vecindario. Hay hospitales siempre llenos. Los médicos se mantienen ocupados en sus rondas. Pero la proporción de los enfermos y sufrientes respecto a los sanos y fuertes es muy pequeña. Por cada hogar con enfermedad, hay muchos con salud desbordante. La gran mayoría de las personas están sanas, activas y fuertes. Hay algunos días nublados o lluviosos, pero hay muchos más días de sol y cielos azules.

Pero hay personas que no toman nota de ningún día, salvo de los oscuros. Llevan un registro del clima, pero anotan en él solo las características desagradables: el calor excesivo o el frío excesivo, la lluvia, la nieve, la tormenta eléctrica, la alta humedad, la sequía. Cada año debe tener sus días desagradables, pero por cada uno de ellos nos trae muchos días de confort y deleite.

En la vida de cada persona, también, hay más blanco que negro. Algunas personas se niegan a reconocer que así es en su caso. Parecen infelices si no tienen nada de qué hablar que suscite simpatía. Nunca se les oye decir, con genuina alegría, que se encuentran perfectamente bien. Siempre tienen que contar alguna dolencia, algún sufrimiento, algún inconveniente. Son pesimistas respecto a sus propias vidas. Exageran sus problemas. Piensan que los días malos son más numerosos que los buenos; que hay más nubes que cielo azul en sus vidas, que tienen más tristeza que gozo.

Pero esto nunca es cierto. La lista de misericordias en cualquier vida, si se sumara a lo largo de los años, formaría un total incalculable, mientras que las cosas tristes y dolorosas formarían una lista muy pequeña. Alguien cuenta que llevaba una cuenta de dos columnas: de un lado, todas las pruebas, pérdidas, decepciones, sufrimientos; del otro, todas las alegrías, beneficios, favores, placeres, misericordias, bondades; y la columna luminosa creció hasta que ya no hubo espacio para anotar los renglones, mientras que en la columna oscura solo se habían anotado unas pocas cosas dolorosas. Siempre es así. Hay más blanco que negro.

Aun nuestros pocos días oscuros tienen su misión y traen su bendición. Todo sol sería la ruina de los campos. Si nunca se reunieran las nubes, si nunca lloviera, ¿qué sería de los árboles, las hierbas, el grano en crecimiento? La naturaleza necesita la lluvia. Si no hubiera días nublados en nuestra experiencia, si nunca cayeran chubascos, nuestras vidas no alcanzarían su mejor estado. Los días oscuros vienen a nosotros en misión amistosa.

No debemos pensar que perdemos el tiempo cuando somos llamados aparte de la actividad para descansar, encerrados en una habitación de enfermo. El trabajo no es la única manera de agradar a Dios. La actividad no es el único deber de nuestras vidas en este mundo. Tenemos lecciones que aprender, así como cosas que hacer. Algún día aprenderemos que muchos de nuestros mejores días fueron los días en que creíamos estar perdiendo terreno, días ociosos y desperdiciados. Pero el día que tiene sombra, dolor o tristeza puede tener más del cielo en él que cualquier día sin nubes, lleno de gozo y placer.

Algunos nos entrenamos para ver solo ciertas cosas, con exclusión de otras. Así, cada uno se fabrica su propio mundo, y dos personas que miran por la misma ventana ven mundos completamente distintos. Uno mira por su pequeño cristal y solo ve lodo; y otro mira y ve el cielo azul y las estrellas brillantes. El problema de demasiadas personas es que una pequeña mancha de oscuridad abulta tanto en su visión que les oculta todo un cielo de luz y toda una tierra de belleza. Un solo dolor borra el recuerdo de mil alegrías. Una sola decepción les hace olvidar años de esperanzas cumplidas.

Muchas personas tienen una facultad extrañamente pervertida para exagerar sus montículos de problemas hasta convertirlos en montañas, y luego para mirar sus bendiciones a través de lentes que las empequeñecen. Un corazón alegre siempre encuentra luz, mientras que un espíritu infeliz no ve más que desaliento aun en las condiciones más favorables. Una persona es feliz en las circunstancias más pobres, mientras que otra es desdichada en un hogar lujoso con todo deseo concedido.

Algunas personas nunca ven nada por lo que agradecer. Pueden asistir a un servicio de alabanza en el Día de Acción de Gracias, pero no están en un ánimo gozoso, y ni la primera nota de gratitud se eleva de sus corazones. ¡Nunca dejan de quejarse el tiempo suficiente para permitir que un pensamiento agradecido anide en su corazón! Se mantienen siempre en tal estado de descontento, que jamás se oye de sus labios una nota de alabanza. Al oírles hablar de sus pruebas, uno pensaría que Dios no los ama y que ningún favor llega jamás a sus vidas. Sin embargo, en realidad, no sufren más que su parte correspondiente del sufrimiento humano, mientras que ciertamente tienen una porción abundante de bendición y de bien.

Pero esta no es la manera en que un cristiano debe vivir. ¡Deshonramos a Dios cuando nos entregamos a la infelicidad y nos negamos a ser agradecidos! Arruinamos nuestras propias vidas y nos hacemos la existencia miserable a nosotros mismos cuando insistimos en ver solo lo negro. Y entonces hacemos más difícil la vida de los demás, echando sobre ellos la carga de nuestra lobreguez. Deberíamos entrenarnos con el mismo cuidado y la misma conciencia para ser agradecidos y cantores, así como lo hacemos para ser veraces, honrados, amables y considerados.

Algunas personas tratan de excusar su infelicidad diciendo que fueron hechas así y no pueden cambiar su disposición. No nacieron con un temperamento soleado, como algunos de sus amigos. Están naturalmente predispuestos a la lobreguez y la depresión. Pero, aun cuando esto sea cierto, no los condena para siempre a la lobreguez y la depresión. La mejor alegría cristiana es una tristeza conquistada. Cristo es capaz de hacernos de nuevo, dándonos corazones nuevos, y los corazones nuevos que Él hace son todos corazones cantores, llenos de regocijo y de gozo.

Todos tenemos nuestros días especiales, en que subimos a la cima del monte, fuera de nuestros valles bajos, y obtenemos una visión más amplia. Es bueno tener un día así de vez en cuando, ¡pero sería mejor que viviéramos siempre en las alturas! Algunas personas se quedan siempre abajo, entre las nieblas, y nunca llegan a ver una cumbre. Nunca contemplan el sol. Nunca respiran la atmósfera del cielo.

Un perrito, un día frío de otoño, fue visto levantarse del rincón oscuro de una habitación donde estaba echado, e ir a echarse en un parche de sol que vio en el suelo. El perrito nos enseña una buena lección. Siempre hay lugares luminosos aun en la experiencia más oscura, y deberíamos encontrarlos y vivir mucho en ellos. Sin embargo, hay demasiados cristianos que parecen vivir siempre en los bancos de niebla del temor y la incredulidad. Entonces se preguntan por qué no tienen el gozo del Señor. Pero el gozo del Señor nunca se encuentra en tales climas. ¡Debemos habitar en las alturas de Dios si queremos conocer el secreto del gozo de Dios!

Fuente y atribución

Autor original: J. R. Miller

Título original: More White than Black

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. R. Miller, publicado originalmente en Grace Gems.

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