Pensamientos vespertinos

Permanecer en Cristo es la fuente de toda fructificación

Estar verdaderamente en Cristo es habitar en el pacto eterno de gracia, justificado por su justicia y animado por una fe viva. Solo de esa unión con la Vid verdadera brota el fruto santo del Espíritu.

La unión del creyente con Jesús y la fructificación que de ella se sigue constituyen una verdad gloriosa sobre la que el Espíritu Santo ha puesto gran énfasis en su Palabra. Se habla de estar en Cristo: todo pámpano en mí; si alguno está en Cristo, nueva criatura es; así nosotros, siendo muchos, somos un cuerpo en Cristo. Pero ¿en qué sentido hemos de entender este estar en Cristo? Estar en Cristo verdadera, espiritual y vitalmente es estar incluido en aquel pacto eterno de gracia hecho con Cristo como Fiador y Mediador de su pueblo; ser uno de aquellos que el Señor llama su tesoro peculiar. Y ser elegido en Cristo, bendito el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo, según nos escogió en él antes de la fundación del mundo. Estar en Cristo es estar aceptado en su justicia, justificado libremente por él de todas las cosas; es ser llevado al conocimiento de nuestra propia vileza, insuficiencia y culpa; echar a un lado toda dependencia de sí mismo y venir, como el ladrón en la cruz, sin confianza alguna en lo propio, como pecador pobre, arruinado y condenado cuya única esperanza de perdón y aceptación está en la libre misericordia de Dios en Cristo Jesús. Estar en Cristo es ser objeto de un principio vivo, santo y poderoso de fe; es Cristo viviendo en el corazón, la esperanza de gloria; es habitar en el corazón mismo de Cristo y descansar en el pabellón de su amor, abrigados de todo mal y consolados en toda tristeza. ¡Oh, bienaventurado estado de estar en Cristo! ¿Quién no lo desearía? No hay, pues, ahora condenación alguna para los que están en Cristo Jesús.

Estos son los pámpanos vivos, unidos a la vid verdadera, que llevan fruto. De su unión con la vid viviente procede el fruto: de mí es hallado tu fruto. Como el pámpano no puede llevar fruto de sí mismo, si no permanece en la vid, tampoco vosotros, si no permanecéis en mí. ¡Y qué fruto tan precioso lleva un pámpano así! El corazón quebrantado, el espíritu contrito, el lamento por el pecado, las vistas humillantes y abajadoras del yo, el aventurarse por la fe en un Salvador pleno, poderoso y dispuesto, el salir de uno mismo y reposar en su obra expiatoria y en su justicia satisfactoria. A esto sigue un avance progresivo en toda santidad y piedad: los frutos de fe que por Jesucristo abundan en la vida y prueban la realidad del cambio admirable; el caminar estrecho con Dios; la sumisión de la voluntad en todo a la suya; la conformidad de la vida con el ejemplo de Jesús; el poder de su resurrección sentido; la comunión de sus padeceres conocida; y la conformidad a su muerte marcando todo el ser. Estos son los frutos de un alma verdaderamente regenerada. El Espíritu testifica que el fruto del Espíritu es en toda bondad, justicia y verdad, y más detalladamente consiste en amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre y templanza.

Fuente y atribución

Autor original: Octavius Winslow

Título original: Evening Thoughts - July 1

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Octavius Winslow, publicado originalmente en Grace Gems.

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