Dios—el Dios eterno—es Él mismo nuestro sostén en todo tiempo, y especialmente cuando nos hundimos en medio de las angustias. Hay temporadas en las que el cristiano se hunde muy bajo en humillación. Bajo un profundo sentido de su gran pecaminosidad, él se humilla ante Dios hasta que apenas sabe cómo orar, porque se aparece, a su propia vista, tan indigno. Pues bien, hijo de Dios, recuerda que cuando estás en tu peor y más bajo estado—sin embargo, “debajo” de ti “están sus brazos eternos.” El pecado puede arrastrarte tan bajo como se quiera—pero el gran sacrificio expiatorio de Cristo está todavía debajo de todo. Puedes haber descendido a lo profundo—pero no puedes haber caído tan bajo como “lo sumo”; y hasta lo sumo él salva.
Una vez más, el cristiano a veces se hunde muy profundamente en duras pruebas. Todo apoyo terreno es cortado. ¿Qué entonces? Todavía debajo de él están “sus brazos eternos.” No puede caer tan profundo en angustia y aflicción, que la gracia del pacto de un Dios siempre fiel no lo rodee todavía. El cristiano puede estar hundiéndose bajo la angustia de dentro por medio de un conflicto feroz—pero aun entonces no puede ser llevado tan bajo como para estar más allá del alcance de “sus brazos eternos.” Ellos están debajo de él; y, así sostenido, todos los esfuerzos de Satanás para dañarlo no sirven de nada.
Esta seguridad del sostén de Dios—es un consuelo para cualquier trabajador cansado pero ferviente en el servicio de Dios. Implica una promesa de fuerza para cada día, gracia para cada necesidad, y poder para cada deber.
Y, además, cuando la muerte llegue, la promesa aún se mantendrá firme. Cuando estemos en medio del río hinchado de la muerte, podremos decir con David: “¡No temeré ningún mal—porque tú estás conmigo!” Descenderemos a la tumba—pero no iremos más bajo, porque sus brazos eternos impiden nuestra caída más profunda. Durante toda la vida, y al cerrar de ella, seremos sostenidos por “sus brazos eternos”—brazos que ni se cansan ni pierden su fuerza, porque “el Dios eterno, el Creador de toda la tierra—él nunca se fatiga ni se cansa.”
Fuente y atribución
Autor original: Charles Spurgeon
Título original: November 11 — Morning
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Charles Spurgeon, publicado originalmente en Grace Gems.