"Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús." Filipenses 2:5
Jesucristo es el único Maestro que jamás hizo de la "semejanza de disposición con Él mismo" una prueba y una insignia de discipulado. Él no es solo el maestro, sino el modelo de su propia religión. Su ejemplo es una parte esencial de su sistema.
Para constituir a un hombre en cristiano, no debe solo recibir las doctrinas de nuestro Señor, sino beber su mismo espíritu. No debe solo creer todo lo que Él enseñó, sino vivir como Él vivió, pensar como Él pensó y sentir como Él sintió. La mente de Cristo debe estar en su mente, en todo cuanto pueda contenerla, y el corazón de Cristo debe estar en su corazón.
Para ser cristiano no basta con que adoptemos las doctrinas de Cristo, cumplamos con sus ordenanzas, observemos sus sacramentos, nos asociemos con su iglesia, abracemos su causa y nos conformemos exteriormente con su conducta; ¡sino que debemos tener su misma mente en nosotros! El espíritu y la disposición predominantes de su mente deben ser también los nuestros.
A menos que el ojo del hombre vea la imagen de Cristo en nuestro carácter, y el ojo de Dios vea la mente de Cristo en nuestra alma, no somos reconocidos como verdaderos cristianos.
"Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús." Filipenses 2:5
¿Y cuál fue la mente de Cristo?
¡Cuán santa fue su mente! Ni la sombra del pecado ni el menor rastro de mal moral pasaron jamás sobre ella para oscurecer o contaminar su puridad inmaculada. Su mente era el asiento de la más inefable benevolencia. Su corazón era el propio templo del amor; nada malévolo, vindicativo ni cruel encontró jamás lugar allí.
Todas sus acciones, palabras y sentimientos eran las manifestaciones de un amor incomparable. Su humildad era igual a su pureza y a su benevolencia.
¿Dónde y en quién se ve la unión de santidad, benevolencia y condescendencia que formó el carácter del Salvador?
¿Se halla su santidad en aquellos profesantes que, aunque libres de vicio externo e inmoralidad, permiten que las corrupciones de su corazón permanezcan sin mortificar, y que en lugar de crucificarlas indulgen las pasiones y los deseos de la carne?
¿Se halla su benevolencia en quienes son tan aficionados al mundo, tan codiciosos y tan acumuladores, que poco o nada puede arrancarse de sus manos reluctantes para la salvación de los pecadores y la gloria de Dios?
¿Y dónde se ha de ver su humildad en sus seguidores? ¿Acaso en aquellos que quieren sus derechos, y todos sus derechos, a cualquier costo de principio o de paz; que no toleran la menor ofensa sin todos los hervores del orgullo herido y la vanidad mortificada?
Oh, ¿es esta la mente que hubo en Cristo?
"Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús." Filipenses 2:5
Fuente y atribución
Autor original: John Angell James
Título original: To constitute a man a Christian
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de John Angell James, publicado originalmente en Grace Gems.