El creyente está plenamente seguro de que una mano invisible está siempre al timón del mundo, y que hacia dondequiera que la providencia derive, Jehová la dirige. Ese conocimiento tranquilizador le prepara para todo.
Él mira sobre las aguas encrespadas y ve a Jesús pisando las olas; y oye una voz que dice: «¡Soy yo, no temáis!» Sabiendo que Dios es siempre sabio, tiene la confianza de que no puede haber accidentes ni errores. Sabe que nada puede ocurrir que no deba suceder. Puede decir: «Si llegara a perder todo lo que tengo, es mejor que pierda a que tenga, si así lo quiere Dios. La peor calamidad es lo más sabio y lo más bondadoso que pudiera sobrevenirme, si Dios lo ordena.»
«Sabemos que Dios hace que todas las cosas cooperan para el bien de los que le aman.» El cristiano no solo sostiene esto como una teoría, sino que lo sabe como un hecho. Todo ha obrado para bien hasta ahora.
Las drogas venenosas mezcladas en proporciones adecuadas han obrado la curación. Los cortes agudos del bisturí han limpiado la carne infectada y facilitado la sanidad. Cada acontecimiento hasta ahora ha producido los resultados más divinamente benditos.
Creyendo que Dios gobierna todo, que Él dirige con sabiduría, que Él saca bien del mal, el creyente puede enfrentarse con calma a cada prueba cuando llega. El creyente puede, en espíritu de verdadera resignación, orar: «Envíame lo que quieras, Dios mío, con tal de que venga de Ti. Una porción mala nunca ha venido de tu mesa a ninguno de tus hijos redimidos.»
Fuente y atribución
Autor original: Charles Spurgeon
Título original: August 5 — Morning
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Charles Spurgeon, publicado originalmente en Grace Gems.